
Un maestro y su discípula mantienen una suave, deslizante, fantástica, irreal y aérea pelea mientras posan las plantas de sus pies en dobladizos bambúes y sujetan un sable chino con una de sus manos a la vez que lanzan miradas esquivas difíciles de interpretar.
¿De qué carajos está hablando Ang Lee? Para muchos amantes del Kung fu esta escena es típica, clásica en el cine oriental de sables chinos. Nos recuerda a decenas de películas de los Chow Bros Studio donde nuestros personajes volaban, brincaban o se deslizaban (la elección del verbo estará a cargo del lector) mientras atravesaban maestralmente con su espada de doble filo los cuerpos de sus enemigos. Hasta esta altura vamos bien. La complicación se presenta cuando damos cabida a las miradas esquivas; una segunda observación nos brinda la oportunidad de vislumbrar que en realidad mantiene un carácter seductor. Como si se estuviesen diciendo algo con la mirada, algo que no logramos leer.
Hemos de confesar que nuestra experiencia con la apreciación de la película fue particular. La primera vez que la vimos nos encantó, el regreso del cine épico de Kung fu estaba en nuestras narices una vez más. Tuvimos que observar una entrevista con el director Ang Lee donde hablaba acerca de esta escena en particular anteriormente expuesta para que nuestra segunda experiencia fuera sublime, caímos en cuenta de los delicados simbolismos y nos reprochamos nuestra ignorancia suficiente por haberla visto coercitivamente solo con ojos de fan del Kung fu.
La experiencia que nos dejó Crunching tigger; Hidden dragon fue la de no menospreciar los filmes del señor Lee, sin elevarlo demasiado, el caballero tiene algo que decir.
Meses después vimos una entrevista con el veterano actor Nick Nolte acerca de su -- en ese entonces- - reciente incursión en el proyecto de Ang Lee, un casamiento con Hollywood medianamente pretensioso llamado Hulk. El señor Lee lo convenció de una manera que él mismo referiría como ingeniosa, a propósito de la altivez del antiguo actor al no estar tan convencido en formar parte de un proyecto basado en un comic. Lee le manejó algo que mencionaremos someramente, esperando que nuestra memoria no nos traicione: “Tal vez no estas interesado en la historia de un comic, pero lo que a mi me interesa contar es una tragedia griega”.
La pregunta golpeó nuestra cabeza por segunda vez. ¿Qué carajos esta diciendo Ang Lee? Tenemos conocimiento que en el comic Bruce acudió a sesión con un personaje psicoanalista construido, Leaonard “Doc” Samson. Ahí fue planteado las bases de la estructura del guión de la película y toda la “novela familiar del neurótico” de Banner. Nuestra pregunta es: ¿si Ang Lee deseaba contar una tragedia griega, cuál contó, la de Sófocles o la psicoanalítica? Colmamos nuestros pensamientos y decidimos acudir a ver el box office del verano, no tan convencidos, pero definitivamente interesados.
La experiencia con la película la podemos explicar dentro de tres rubros. Primero, los efectos especiales así como la dirección de arte fueron fantásticos, ver al monumental Hulk destrozar tanques, helicópteros. ¡Carajo, verlo saltar! Fue realmente sorprendente. A consecuencia, el segundo rubro radica en que en sí misma el filme cumplió con los requerimientos demandantes de toda película de verano: entretener, no trasgredió esta barrera. El tercero es que para todo aquel que haya vivenciado la película bajo entrenamiento psicoanalítico, estoy seguro su experiencia habrá comulgado con la nuestra en algunos aspectos. Es aquí donde el ensayo comienza…
Robert Louis Stevenson escribió alguna vez en su novela “The Strange case of Dr. Jekill and Mr. Hyde”: “It was on the moral side, and in my own person that I learned to recognize the thorough and primitive duality of man…”. Nos queda claro que el Dr. Jekill representa el precedente de la historia de Hulk, aquellas imágenes iconográficas que tanto nos zumban en el inconsciente y no nos damos cuenta que nos cuentan la misma historia desde niños casi como un acto sintomatológico de repetición. Esto lo decimos porque nos gustaría dejar claro que el precedente ante la predisposición mutante de Hulk así como Mr. Hyde reside en el aparato psíquico de los personajes. Algo nos hace disfrutar tanto ambas historias que nos hace vivenciar pulsiones ocultas que “tanto del lado moral como al igual de mi persona que nos hace reconocer la dualidad del hombre mismo”. La dualidad intrínseca de la perversidad, la oscuridad, la luz y la bondad del alma humana. Hulk se debate entre la dicotomía de ser monstruo y todo el placer residido en serlo y el de formar parte de lo normal al encarnar su parte humana. No por mucho el primer numero de Hulk se llamó: “The Incredible Hulk; Is he a man or a monster or… is he both?”. Esta esencia rescató el Guionista James Schamus así como la historia que quería proyectar Ang Lee. Pero al poder ver a la película con ojos infantiles disfrutando cada destrucción que deja a su paso el enorme monstruo verde nos hizo preguntarnos algo.
Una idea asaltó nuestra mente: Hulk es una fantasía infantil. Y otra idea la siguió asaltándola con más fuerza aún y claridad: Hulk es una fantasía neurótica. A partir de esto nos comenzamos a preguntar: ¿Por qué neurótica y no perversa talvez? Bueno, para contestar esta pregunta necesitamos direccionarnos teóricamente. Existe una diferencia básica, y aún diríamos más, estructural: no existe la fantasía en la perversión, esto quiere decir que toda fantasía perversa es incluyente inmediatamente dentro de la neurosis. Partiendo de esto tenemos el teorema para diferenciar estructuralmente la neurosis y la perversión en fantasía y acto. El perverso no necesita fantasía ya que todo lo lleva al acto. El neurótico sí necesita la fantasía por los mismos comandos y estatutos que su punitivo Superyo le hace seguir, esto provoca la necesaria satisfacción de las pulsiones que son reprimidas debido a sus contenidos inconciliables con la conciencia, contenidos inconciliables que son satisfechos mediáticamente bajo la evanescente fantasía. De esta manera la diferencia superficial que podemos abstraer de nuestro estrecho análisis partiría de la base de que el neurótico desea hacerlo; el perverso lo hace.
Viene la pregunta: ¿el doctor Bruce Banner era perverso al destruir sanguinariamente media armada americana? Honestamente, no lo creemos. El placer (o deberíamos ser lo más preciso posible y referirnos como goce) de transformarse en Hulk no radica en la destrucción propiamente dicha. Hay una palabra que sentimos satisfacería plenamente los requerimientos expresivos del goce del doctor Banner: liberación.
Una vez un amigo nos planteó una de esas preguntas filosóficas de carácter ñoño; en otras palabras, lo que necesitas para abstraer tal cavilación son básicamente leer comics y demás formas de entretenimiento que se aparenten. Nos dijo: “¿Entre una pelea de Wolverine y Hulk… quién crees que ganaría?”. Contestamos de inmediato, dejándonos llevar por el señuelo previamente diseñado por nuestro amigo; le dijimos: Wolverine se regenera, es prácticamente invencible. Entonces nos contestó con la esperada altivez ñoñil: “Nop. Entre más permanezcas haciendo enojar a Hulk, más crecen sus capacidades de destrucción, así que, tal vez si lo haces enojar suficiente terminaría finalmente rompiendo adamantium. Además, Hulk también posee capacidad regenerativa; ergo, Hulk tiene mayores posibilidades de ganar”
Estuvimos de acuerdo con él. Lo que nos llamó la atención aquí fue un detalle: “Entre más permanezcas haciendo enojar a Hulk”. Esto nos da las bases para encontrar el postulado que permanece como la clave de la solución del acertijo: el problema no radica en el goce ni el deseo, menos en Hulk, sino en los otros. Los otros que lo hacen enojar; que no lo comprenden, los otros que ante la amenaza le disparan misiles, AK-47 y todo el armamento posible que el departamento de defensa ansía estrenar. “You’re making me angry; I wouldn’t like you when I’m angry.”
A grandes rasgos, Hulk nos es vivenciado como una enorme catexis en la cual difiere en que en vez de expulsar libido expele rayos gamma. Pregunta de niño: ¿Por qué? Respuesta de adulto: ¿Por qué qué? Segunda pregunta de niño: ¿Por qué necesita ser libre? ¿Qué acaso no es ya libre? Segunda respuesta del adulto: (Silencio)
Exacto, para que exista una liberación debe existir una dualidad en por lo menos dos sistemas. Debe haber algún tipo de materia contenido en un sistema que este ejerciendo resistencia para fluir al siguiente, debe haber seguros, contenedores y represores que eviten tal transgresión evidentemente, añadiríamos, por el incontenible e indeseable sentimiento de cambio. Es claro que este principio físico se puede atribuir a diferentes fenómenos psicológicos y sociales. Pero en el momento que nos importa ocupa y preocupa nos ayuda a entender la transgresión de la personalidad del Doctor Banner. Debe existir más de un sistema, más de una instancia psíquica que hace a Bruce no desear ser Hulk.
Ante esto no podemos evitar la situación ficticia pero que consideramos verdaderamente real en la que un niño llora por haber sido golpeado por otro, este otro se encuentra de la misma manera llorando pero por el descubrimiento de su capacidad destructora en funcionamiento en contra del otro. La identidad se configura a partir de la funcionalidad que tenemos con nuestros semejantes, de la misma manera la teoría psicoanalítica nos plantea esta alienación donde observamos la identificación con el de enfrente y constituimos nuestra basta personalidad en función del deseo del otro. En definitiva el ejemplo citado nos muestra la configuración de la funcionalidad de una de las estructuras metapsicológicas del aparato psíquico: el superyo. Este proceso que en definitiva tiene una evolución progresiva nos da en un futuro la estructuración necesaria para situarnos dentro de la cabida de la neurosis; el crecimiento de sistemas y autocontención, defensas, represiones, resistencias y demás artilugios psíquicos para mantenernos mentalmente comunes construye una serie de sistemas que en un futuro nos plantearán ser igual a Hulk, dejar fluir el principio de placer, no importando las consecuencias.
Pobre Yo. A veces lo vemos como un pobre niño asustadizo presa de su propia casa donde el primer inquilino se presenta constantemente con demandas incontenibles y descabelladas y el más nuevo inquilino le llena de papeleo y cientos de reproches incesantes, descarados y desgraciados… con razón el sentimiento de angustia cuando no puedes poner orden en tu propio hogar. En definitiva el planteamiento más adecuado sería: ¿cuando somos dueño de nuestra propiedad en realidad? Decisivamente estamos divididos, igual al Mr. Hyde y Hulk, porque si seguimos tal lógica que acabamos de plantear, en realidad el inquilino indeseable que llegó posterior a la fiesta es Bruce Banner y el Dr. Jekill. Después de todo, consideramos que todos tenemos más de una personalidad; ¿por qué creen que escribimos este ensayo en plural?