Me rehúso a formar parte de conversaciones fantoches de negligencias egocentristas sin ningún fin y sobre todo con personas que aborrezca.
Me rehúso a decir “sí” cuando la negativa es implacable.
Me rehúso a no decir lo que pienso cuando la ocasión lo amerita.
Cantaré cuando una melodía me aborde.
No pienso negarme a la trampa de la mirada de una mujer.
Me rehúso a usar usares inutilizables.
Me rehúso a enamorarme… pérdida de tiempo.
Me rehúso a creer las críticas destructivas.
Me niego a no aceptar cumplidos.
Me rehúso a ser comido por un recuerdo.
Me rehúso a hacer lo que ellos quieren.
Me rehúso a mantenerme sin movimiento.
Me rehúso a ser adulto.
Me rehúso a ser niño.
Actuaré todos los papeles.
Nunca dejaré de aprender.
Me rehúso a escuchar tanto y juro atender solo lo que necesito.
A la primera oportunidad arrancaré la garganta de un maldito hablador de mierda que escupe vocablos solo para su onanista necesidad de autoprestigio.
Odio los lunes.
Me rehúso a creer que te he olvidado.
No pienso desecharte… después… ¿que me quedaría?
jueves, 21 de agosto de 2008
domingo, 17 de agosto de 2008
Nebulosa

Y entonces los tres viajeros iban a llegar a la última estrella. Esplendorosa bella e infinita. Cada uno contempló con su propia mirada, cada uno dejó ir el aliento que está les quitaba.
Fue ahí cuando el científico advirtió la energía más pura de todas, capaz de transformar cualquier cosa y doblar cualquier ley, y dijo que era única.
Y el creyente tocó la luz, y pensó en lo próximo que estaba de Dios, y dijo que era hermosa.
Entonces el psicoanalista guardo silencio, y la bautizo como subjetividad.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)