viernes, 10 de octubre de 2008

En esta noche, en este mundo

Alejandra Pizarnik
De «Textos de sombra y últimos poemas» (1971-1972 )



A Martha Isabel Moia


en esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerta
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la re-surrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe

no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve

¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible

jueves, 9 de octubre de 2008

Me hace daño recordar

A veces me tengo que recordar que estoy vivo. Para sentir la brisa del viento, el calor del sol y las noches de lluvia. A veces me tengo que recordar que estoy vivo y desprenderme de mis valiosos pensamientos acumulados para prestarle atención a lo que está más allá de mi piel. A veces tengo que darme cuenta que no todo lo que creo que importa vale y muchas cosas que no presto atención importan.

Remembrar la sensación perdida de labios que estuvieron en mi imaginación, sin embargo recuerdo haberlos tocado.

A veces tengo que recordar que las personas se la pasan bien y una de las formas de vivir es olvidando. Los envidio, a todos.

Los envidio porque ríen, los envidio por lo que son. Los envidio porque su cabeza no está en contra de ellos. Los envidio porque los intento imitar, porque creo que es la forma de ser así. Pero me repudio.

A veces me tengo que recordar que estoy vivo y que el futuro sólo es una forma de esconderse del presente, síntoma análogo a lo que pasa al pasado. Tantos planes, tantas cosas inconclusas, tantas reprimendas por no empezar a hacerlas.

El exceso es una constante que quiero olvidar. Me aferro a los extremos por el temor a ser olvidado. Por el temor de olvidarme.

Por el temor de recordar que esto llamado vida, llamado amor, es sólo una ilusión que es tan real. Y recordar que, igual que muchas cosas, mi Yo es algo que puedo doblar y manipular a mi antojo. Darme cuenta que yo soy la persona a cargo y que nadie me controla. Y que todas mis decisiones son mi culpa.

A veces me tengo que recordar que estoy vivo, porque muerto no hago muchas cosas.

miércoles, 8 de octubre de 2008

La gravedad de este asunto.


Tengo esta constante fantasía de imaginar que la gravedad, sin ningún aviso previo, cambia su curso, y nosotros, cuales muñecos de trapo, irremediablemente, caemos hacia arriba adentrandonos en esa mancha negra sobre nuestras cabezas que ahora está en nuestros pies.

Como si alguien encendiera el boton donde nuestros fantasmas se desvanecen para dejar tras de sí la notable y horripilante realidad de la nada.

¡Diablos!, como si advirtieramos la gravedad de nuestra condición humana. La muerte y esta chiflazón suya de darnos sorpresas. Lo frágil de la vida, lo lábil de tu carne.

Lo olvidamos siempre, carajo, no lo queremos recordar, nos hace mal recordar.º