jueves, 9 de octubre de 2008

Me hace daño recordar

A veces me tengo que recordar que estoy vivo. Para sentir la brisa del viento, el calor del sol y las noches de lluvia. A veces me tengo que recordar que estoy vivo y desprenderme de mis valiosos pensamientos acumulados para prestarle atención a lo que está más allá de mi piel. A veces tengo que darme cuenta que no todo lo que creo que importa vale y muchas cosas que no presto atención importan.

Remembrar la sensación perdida de labios que estuvieron en mi imaginación, sin embargo recuerdo haberlos tocado.

A veces tengo que recordar que las personas se la pasan bien y una de las formas de vivir es olvidando. Los envidio, a todos.

Los envidio porque ríen, los envidio por lo que son. Los envidio porque su cabeza no está en contra de ellos. Los envidio porque los intento imitar, porque creo que es la forma de ser así. Pero me repudio.

A veces me tengo que recordar que estoy vivo y que el futuro sólo es una forma de esconderse del presente, síntoma análogo a lo que pasa al pasado. Tantos planes, tantas cosas inconclusas, tantas reprimendas por no empezar a hacerlas.

El exceso es una constante que quiero olvidar. Me aferro a los extremos por el temor a ser olvidado. Por el temor de olvidarme.

Por el temor de recordar que esto llamado vida, llamado amor, es sólo una ilusión que es tan real. Y recordar que, igual que muchas cosas, mi Yo es algo que puedo doblar y manipular a mi antojo. Darme cuenta que yo soy la persona a cargo y que nadie me controla. Y que todas mis decisiones son mi culpa.

A veces me tengo que recordar que estoy vivo, porque muerto no hago muchas cosas.

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