Alejandra Pizarnik
De «Textos de sombra y últimos poemas» (1971-1972 )
A Martha Isabel Moia
en esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerta
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la re-surrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe
no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible
viernes, 10 de octubre de 2008
jueves, 9 de octubre de 2008
Me hace daño recordar
A veces me tengo que recordar que estoy vivo. Para sentir la brisa del viento, el calor del sol y las noches de lluvia. A veces me tengo que recordar que estoy vivo y desprenderme de mis valiosos pensamientos acumulados para prestarle atención a lo que está más allá de mi piel. A veces tengo que darme cuenta que no todo lo que creo que importa vale y muchas cosas que no presto atención importan.
Remembrar la sensación perdida de labios que estuvieron en mi imaginación, sin embargo recuerdo haberlos tocado.
A veces tengo que recordar que las personas se la pasan bien y una de las formas de vivir es olvidando. Los envidio, a todos.
Los envidio porque ríen, los envidio por lo que son. Los envidio porque su cabeza no está en contra de ellos. Los envidio porque los intento imitar, porque creo que es la forma de ser así. Pero me repudio.
A veces me tengo que recordar que estoy vivo y que el futuro sólo es una forma de esconderse del presente, síntoma análogo a lo que pasa al pasado. Tantos planes, tantas cosas inconclusas, tantas reprimendas por no empezar a hacerlas.
El exceso es una constante que quiero olvidar. Me aferro a los extremos por el temor a ser olvidado. Por el temor de olvidarme.
Por el temor de recordar que esto llamado vida, llamado amor, es sólo una ilusión que es tan real. Y recordar que, igual que muchas cosas, mi Yo es algo que puedo doblar y manipular a mi antojo. Darme cuenta que yo soy la persona a cargo y que nadie me controla. Y que todas mis decisiones son mi culpa.
A veces me tengo que recordar que estoy vivo, porque muerto no hago muchas cosas.
Remembrar la sensación perdida de labios que estuvieron en mi imaginación, sin embargo recuerdo haberlos tocado.
A veces tengo que recordar que las personas se la pasan bien y una de las formas de vivir es olvidando. Los envidio, a todos.
Los envidio porque ríen, los envidio por lo que son. Los envidio porque su cabeza no está en contra de ellos. Los envidio porque los intento imitar, porque creo que es la forma de ser así. Pero me repudio.
A veces me tengo que recordar que estoy vivo y que el futuro sólo es una forma de esconderse del presente, síntoma análogo a lo que pasa al pasado. Tantos planes, tantas cosas inconclusas, tantas reprimendas por no empezar a hacerlas.
El exceso es una constante que quiero olvidar. Me aferro a los extremos por el temor a ser olvidado. Por el temor de olvidarme.
Por el temor de recordar que esto llamado vida, llamado amor, es sólo una ilusión que es tan real. Y recordar que, igual que muchas cosas, mi Yo es algo que puedo doblar y manipular a mi antojo. Darme cuenta que yo soy la persona a cargo y que nadie me controla. Y que todas mis decisiones son mi culpa.
A veces me tengo que recordar que estoy vivo, porque muerto no hago muchas cosas.
miércoles, 8 de octubre de 2008
La gravedad de este asunto.

Tengo esta constante fantasía de imaginar que la gravedad, sin ningún aviso previo, cambia su curso, y nosotros, cuales muñecos de trapo, irremediablemente, caemos hacia arriba adentrandonos en esa mancha negra sobre nuestras cabezas que ahora está en nuestros pies.
Como si alguien encendiera el boton donde nuestros fantasmas se desvanecen para dejar tras de sí la notable y horripilante realidad de la nada.
¡Diablos!, como si advirtieramos la gravedad de nuestra condición humana. La muerte y esta chiflazón suya de darnos sorpresas. Lo frágil de la vida, lo lábil de tu carne.
Lo olvidamos siempre, carajo, no lo queremos recordar, nos hace mal recordar.º
lunes, 8 de septiembre de 2008
La Función de la Autoridad; el juego de la dualidad.

El presente trabajo se sitúa en la clasificación burda apenas de ejercicio literario. Lo tomamos más como un pretexto para trabajar ideas, reflexiones y otras ocurrencias respecto a un tema constante en la forma de educar de nuestros días: la autoridad.
Sentimos como autor de este burdo ejercicio literario que en perspectiva la filosofía y el quehacer clínico psicoanalítico se ocupa cada vez más de un pliegue que se ha vuelto más palpable en nuestra sociedad occidental, en sus diferentes latitudes y en sus distintos modos de afectación; éste pliegue es el de la autoridad y la perdida misma de ésta autoridad. Algo pasa cuando en las expresiones artísticas señalan con desdemida el constante empobrecimiento de la figura paterna. Desde la película Viridiana (1961) de Buñuel hasta Maria Mercedes (1992) y su padre alcohólico, la constante referencia a al decadencia de la figura paterna nos hace preguntarnos no solo si afecta (porque encontramos evidente la conexión simbólica entre ambos fenómenos) sino cómo afecta.
Algo pasa cuando en la cultura mexicana comienzan a destaparse movimientos de mujeres católicas por el derecho a decidir, marchas que son dirigidas a los dirigentes gubernamentales incompetentes y al sistema corrupto del país del cual, por cierto, todos formamos parte, o cuando un sacerdote respondiente al seudónimo actoral del “Padre Juanjo” ejerce función como censor moral en un programa de chismes comentando la displicencia formal del cantante boricua Ricky Martin ante la posibilidad de formar una familia, en vez de tal acción su decisión de “rentar” el útero de una prima y tener dos hijos gemelos es tachado sin tregua alguna por el sacerdote.
La función de la autoridad está cuestionada estos días. La función del que autoriza parece mas viable y la formula vieja de control absoluto tiende a tomar todo el terreno posible.
Tenemos un problema, tenemos algo dentro de los salones de clases que hace que el alumno conteste de manera agresiva y que hace que el maestro responda de manera igualitariamente agresiva. Existe la tendencia a olvidar cuales son las reglas del juego que propondremos a lo largo del trabajo, reglas que como todo juego hay que seguirlas, doblarlas, saltarlas pero no romperlas, porque entonces dejamos de jugar y alguien comienza a enojarse.
El presente trabajo busca a referencia de reflexiones y ocurrencias y lectura de otros autores encontrar una forma de solución que tenga aplicación clínica dentro de los salones de clases. Nuestro deseo con la finalización de estas letras es buscar una forma de orientación en el cual el psicólogo clínico se presente ante la posibilidad de actuación dentro de la complicada función de educar, abordando, sin darle vueltas ni tratarlo con medias tintas la problemática de la autoridad y la falta de ésta en el salón de clases.
La forma en que trabajaremos nuestro ejercicio literario estará en función de dos partes. Pondremos atención en ambos lados de la moneda: por una parte introduciremos una investigación en línea de lo que las personas suelen llamar trastorno de déficit de atención e hiperactividad, buscando no solo leer las palabras que están en el envase, aquello que los expertos dicen que son estos desordenes, sino también las palabras que están en la boca de los enfermos y allegados y cuales son las consecuencias. Y por la otra parte analizaremos la película Into the wild (2007) dirigida por Sean Penn donde esperamos desplegar las reflexiones que nos hizo tener tal expresión artística.
Ambos lados son muy importantes para nuestro presente trabajo. Por medio del interés en el trastorno de déficit de atención (tda) buscamos señalar la forma en que los adultos se enfrentan ante la demanda de ser los artífices de la autoridad y por la parte de la película Into the wild buscaremos reflexionar respecto al alumno y una de las formas de enfrentar la autoridad (la que consideramos más común y con diferentes versiones, hemos de agregar).
Primera parte:
Angustia ante la demanda.
Seamos moneros por un momento, convirtámonos en algún dibujante de algún tabloide y exageremos los rasgos de la realidad para denunciar lo grotesco de ésta. La imagen que viene a mi mente es la de una maestra en un salón de clase con cuarenta alumnos pataleando, gritando, peleando, berreando, llorando y saltando por los seis por seis del aula. ¿Cómo responder ante tal problemática? No tengo idea. Por tal es definitivo que se conoce a la profesión de maestro como uno de las profesiones más difíciles con la que pudieran toparse. Pareciera que es tan sencillo perder el control.
La maestra no solo tiene que “controlar” a los alumnos, sino sacar a flote el programa escolar dictado por la Secretaria de Educación, tiene que callar las voces de los cuarenta niños del salón para que se haga escuchar la suya y se pueda transmitir lo que el sistema quiere que se transmita. Un sistema que muchas de las veces solo ve lo incontrolablemente estrecho de su visión al momento de implantar lineamientos en lugares donde ni siquiera los dirigentes que implantan tales lineamientos están. Por lo tanto estaremos terminando nuestra caricatura no solo con un salón hecho un desmadre por los alumnos, sino un escritorio lleno de papeles y una maestra atareada por tales papeles: la demanda es doble.
El sistema demanda, los alumnos demandan, los padres demandan. De alguna manera todos son demandantes en el contexto escolar. Las necesidades a cubrir parecerían infinitas y no debemos olvidar que las distintas adecuaciones en las mas nuevas generaciones de maestros, este cambio cultural de la figura del maestro, el cambio cultural que le prohíbe pegar, gritarles feos a los niños, achica su zona de actividad. No queremos decir con esto que los maestros funcionarían mejor ante la oportunidad de golpear a sus alumnos, sino que existe en definitiva esta percepción de achicamiento, de empequeñecimiento. Lo tiempos cambian y si la forma de actuar del maestro no cambia, éste perecerá.
Al momento de pensar más este desplegado que estamos tratando, esta demanda escolar, nos encontramos con dos formas de apreciaciones que en un cierto momento adquieren un carácter contradictorio. Por un momento recordamos un artículo de Serge André, La significación de la pedofilia, donde habla acerca de la idolatría que se le deposita sobre la niñez adjuntada a una “obsesión correlativa de la protección de la infancia”, una necesidad a mantener a lo más “sagrado” de nuestro días: los niños. Se les protege en sobremedida, una sobremedida que llega a rozar con lo inadecuado, en el sentido que no observamos un equilibrio. Hemos de recordar un episodio clínico de nuestra practica donde una madre de algún paciente nos hace la referencia, nos cuenta un encuentro que tuvo con del maestro de su hijo, éste maestro le hace la indicación de que cuando regañe al pequeño no le diga que lo está castigando, que utilice otra palabra pero que no le diga que lo está castigando. El episodio clínico no pudimos olvidarlo por la ejemplificación tan buena que nos brindó. Dos preguntas: ¿Qué acaso al cambiarlo de nombre no tendrá las mismas repercusiones? Y ¿Por qué no castigarlo? Si el chico se lo merece, no encontramos una necesidad en no castigarlo. Pareciera que observamos a la niñez en nuestros tiempos como una cosa frágil que no se le puede cometer algún error porque estaríamos desgraciándolos eternamente. Esto sin dudar se traslada al campo escolar donde el trato del maestro con los niños debe ser con un cuidado específico tratando de no molestar a los padres de familia, cumpliendo la demanda que se le deposita.
Pero pareciera que ciertos autores han hallado una forma de solucionar tal problemática, vaya, una vez que estas atorado y los antiguos modelos de referencia dejan de funcionar, en definitiva necesitas inventarte nuevos modelos de referencia. A propósito de esto, en el libro Dar la palabra, deseo, don y ética en educación social, de José García Molina hace una reflexión pedagógica bastante funcional para nuestra apreciación. En cierto sentido se convierte como una orientación y nos indaga en aspectos que son necesarios pensar. Respecto a lo que estamos entretejiendo, José García Molina señala que los cuidados del escolar es solo una de las funciones del instructor, maestro o pedagogo. No más importante, no única función, sino solo una de las funciones. Si bien advierte que los cuidados son la base de la pedagogía en si misma, consideramos que deja entre líneas escrito que pareciera que esta función, al igual que muchas de otras funciones, a veces acarrea la necesidad de ser disfuncional. Nos referimos que los cuidados o vigilancia sobre el infante (y esto lo precisa de manera puntual al momento de citar a Kant) no pueden impedir el desarrollo individual del pequeño, la subjetividad misma del infante necesita explorar sus posibilidades y las posibilidades del exterior inmediato a él. Existen millones de cosas que no pueden incluirse en una planeación pedagógica, programa escolar o incluso sesión psicoanalítica. Hay millones de cosas que el infante mismo necesita descubrir por él mismo.
He de compartir una ocurrencia, un recuerdo de mi niñez: en éste estoy en una cocina de alguna conocida de mi madre, tenía cerca de cuatro años, talvez cinco. Junto a la estufa estaba el lavatrastos y yo me dirijo a lavármelas ahí, en la separación de la estufa y el lavatrastos existe un espacio perfecto para que un niño de mi edad se posicione ahí justamente e intente alcanzar el agua fluyendo de la llave. Al ponerme ahí en medio, mi cuerpo apenas roza con la estufa y recuerdo que mi madre me dice: “Cuidado, la estufa está caliente, no te vayas a quemar”. Justamente, estaban horneando algo que no recuerdo que era y en ese instante estiro mi pierna, haciendo que mi pantorrilla se pegue a la pared de la estufa provocándome un enorme dolor.
La instrucción de mi madre era clara, no había posibilidad de que yo la malentendiera, justamente el episodio podría ser descrito perfectamente como un accidente, pero el psicoanálisis nos ha enseñado que los accidentes son importantes y los errores, los lapsus, aciertan en sí mismo por la equivocación. Hemos de interpretar que mi necesidad era corroborar esa advertencia de mi madre. Como función misma de la paternidad, como función misma de la funcionalidad de la alineación y separación de los niños sobre sus padres para que devengan sujeto, necesitaba saber no solo si la estufa quemaba, sino cuanto. Creo que sí lo corroboré.
El niño a cierta edad necesita corroborar aquellos supuestos que le han dicho que existen. Necesita hacer esta función de la separación, no creer en una totalidad lo que su madre, padre o cuidador le dicen y corroborarlo por él mismo. Si fuera de la otra manera, si el niño creyera por completo lo que la madre le dice, podríamos estar tocando incluso la estructura misma de la psicosis. Existe una separación que José García Molina expone al citar al fundador de la pedagogía científica, Herbart, tal separación adquiere una significancia particular para nosotros desde le momento de la utilización de las palabras con las cuales se hizo: Herbart hace una diferenciación entre formación del espíritu y el simple mantenimiento del orden. Nos gusta mucho como es tratado el tema al utilizar la palabra simple en el formato de mantenimiento del orden, suscribiendo la formación del espíritu en un nivel muy distinto de complejidad, e incluso lo establece como más importante en el sentido de su formulación abstracta. Al entendimiento de nuestras palabras y esto lo señala también José García Molina, estaríamos hablando de la construcción de un sujeto, la instrucción de los contenidos de la cultura que constituye, estaríamos hablando de la subjetividad.
Pero pareciera que en nuestro tiempos ésta subjetividad se ha olvidado. Pareciera que ahora el simple mantenimiento del orden es mucho más importante que acompañar a un niño en el encuentro de sí mismo y su ambiente, en el encuentro de su subjetividad. Pareciera que en nuestros días las escuelas lo que necesitan es suscribir un orden establecido por el sistema y la balanza cae en desbalance aplastando el espíritu mismo del infante. Esto es evidente y no tenemos duda al respecto, las funciones del uniforme, el corte de cabello, hacer filas cada comienzo de actividades son elementos que se repiten en los reclusorios de delincuentes, el lugar donde el orden es imprescindible para la funcionalidad de la institución y la forma en que lo logran es socavando los impulsos, los deseos y todo rastro de identidad. Éste es un tema ampliamente tratado por Michel Foulcault en Vigilar y castigar.
Aquí, en este momento, nos daremos la oportunidad de integrar el carácter contradictorio que mencionábamos un par de hojas antes. Si por un lado se le idolatra al niño, se le imparte éste significante de pureza y bondad; por otro lado se le concibe como una animalito el cual debe de ser gobernado, suscrito a los lineamientos de la cultura y atado para que devenga como ciudadano. La propuesta del psicoanálisis no es muy distinta a lo que señalé, lo que me refiero es que en elementos consideramos que es particularmente similar. Un niño como perverso mismo necesita ser adscrito a la cultura, pero necesita devenir como sujeto, no como ciudadano. Además hemos de integrar que es muy importante la forma antes que el contenido. De esta manera podemos entrever la importancia de las palabras y la subjetividad en la educación, la forma es primordial, el encuentro del maestro y el alumno.
Pero pareciera que esto no se comprende, que es más importante el orden que el advenimiento del sujeto, parece que es más importante vigilar y castigar que educar. Es aquí donde entra el Trastorno de déficit de atención. Diagnostico inventado por la psiquiatría en nuestros tiempos modernos para entablar un cuadro, un desorden de lo que no debe desordenarse, ni salirse, ni pervertirse de su senda (aquí podemos preguntarnos cuál senda y quién dice cómo es). El trastorno de déficit de atención o tda entabla una mal función neurobiológica al nivel de neurotransmisor que tiene impacto en su función conductual.
De entrada podemos advertir la sujeción del hombre dentro del terreno de lo animal, adscribiéndolo a la naturaleza más complicada pero sencilla a la vez. La condición humana, tal como nos explica Hanna Arendt se puede fácilmente confundir en nuestros tiempos con la naturaleza humana. Se le da al infante una característica de serie, de constitución perecedera, tal como se le haría a un producto de mercado en el que los procesos son los mismos no importando el lugar el contexto o las características particularidades del infante. Un diagnostico es peligroso desde psicología cuando se le admite una característica global, instruyéndolo dentro de los lineamientos establecidos en alguna teoría dada. El diagnostico no puede devenir, aparecer, sin un encuentro entre el profesional y el paciente. Hemos de confesar que nos es incomodo el pensar en esta postura desde cualquier profesional de la salud mental, dígase psiquiatra, psicólogo, psicoterapeuta o analista. Una postura donde la aceptación de lo que dice el especialista es aceptada tal como tal, sin cuestionamientos ni alguna otra “insubordinación” aceptable ante el discurso del otro.
Buscando en la red encontramos un fragmento de un programa de televisión norteamericana de la famosa conductora Oprah Winfrey, el programa estaba enfocado al problema de los infantes con trastorno de atención e hiperactividad y también el síndrome tourette, tocando de costado el trastorno obsesivo compulsivo. Un programa muy enternecedor al conocer las palabras de los pacientes que han sido medicados por tales desordenes, lo que nos llamó en primera instancia la atención fue el hecho que estos pacientes al momento de hablar de su desorden, ellos podían explicar su malestar incluso mejor que el especialista mismo. No podíamos dejar de pensar en la función que dentro de su identidad acarreaba por las palabras del diagnostico. Una identidad que les brinda, efectivamente, las palabras del medico, pero no es una identidad donde ellos propongan su personalidad misma, su subjetividad. Muy distinto ser el niño chiflado, mimado, el rey de la casa que se come los mocos, más que “hiperactivo”, denominación que encasilla dentro de un terreno que no le pertenece al que lo ocupa.
Otra cosa que hemos de notar, no solo en ese programa, pero en el discurso continuo que leemos ya sea de artículos, reportajes de noticieros etcétera, es la ausencia misma del discurso de los padres. La posibilidad de incluir el trastorno de déficit de atención dentro de lo biológico imposibilita la forma en la cual los padres están inmiscuidos en el síntoma.
Hemos de compartir esta sensación que la clínica nos posibilitó, una sensación donde los padres llegan con el hijo por delante y una cara que pudiéramos explicar tal vez con la palabra vergüenza, una forma de ver el síntoma que apareció en su hijo como culpa suya. La manera que me enseñaron en la técnica misma es la de manejar estos niveles de angustias y decirle a los padres que vienen a consulta que no se trata de saber quien tiene la culpa sino se trata de arreglar las cosas que no han estado funcionando. Pero me quedo pensando en el contexto que ya hemos estado señalando en estas páginas, y pareciera que bajo el discurso cultural ser padre es una forma de nunca equivocarse. Vemos que los padres necesitan funcionar bajo cierta certeza para poder brindar alguna respuesta, la inseguridad de ciertos temas que hace que los menores no adquieran las respuestas que necesitan y que hace que la angustia crezca por parte de los padres ante esas demandas.
Segunda parte:
La demanda que angustia.
Into the wild es una película que se encuentra narrativamente ubicada entre los años 1990 y 1992, no nos sorprende al momento de pensar en la generación de tal línea temporal: la generación x. Caracterizada por sus ropas sin-sentido, pelos alborotados con igualitario sin-sentido y la mayor taza de divorcio poblacional, la generación x bautizó su nombre por la especifica relación que tenían al no establecerse bajo ningún ideal estándar o alguna fuente de movimiento cultural. Algo pasó en los modelos de referencia que hizo que la cultura se moviera hacia tales lugares.
El personaje principal, Christopher McCandless emprende un viaje de dos años que culmina en la austeridad total de un invierno dentro de un autobús abandonado en Alaska. El porqué de sus razones son abordadas durante la película. Pero nos orientamos principalmente en sus relaciones familiares. Christopher es un muchacho brillante, excelente atleta y tal como lo describe su hermana durante la narración de la historia, un joven solitario que vive acompañado de los personajes de sus libros los cuales cita en ocasiones que son ameritadas. Sus principios son inseparables, los tiene fundamentados y su voluntad es recia. Decide emprender tal viaje después de la graduación de su collage, da todos los ahorros que tenía guardados para Harvard a caridad y avanza sin un centavo a recorrer todo los Estados Unidos de America para lograr, justo como se refiere él, “the ultimate adventure”.
La relación con sus padres adquiere un carácter de recelo, iras acumuladas durante años por un matrimonio disfuncional lo llevaron a tomar una filosofía anticapitalista que no abandona jamás. Su principal razón por la cual él considera que vivir en austeridad le da elementos de dignidad es la mentira y las falsas esperanzas con las cuales viven sus padres, rodeados del materialismo capitalista de Norteamerica de fin de siglo.
Christopher, o Alexander Supertramp, seudónimo empleado durante su viaje, adquiere la demanda particular de no aceptar nada. “No quiero nada de ustedes” es lo que literalmente saca de su boca, demanda que es dirigida y tiene remitente en los padres directamente. Por medio de un desplazamiento, Christopher lanza todos estos contenidos afectivos a un terreno más amplio político, obligándolo a adquirir nuevas referencias personales, referencias que hablan de una negación de la cultura a la que pertenece, una cultura en la cual la identidad que te otorga va encaminada al consumismo y la pertenencia al mercado.
La forma en la cual adquiere nuevos modelos de referencias es haciendo este viaje. De alguna u otra manera, el mismo hecho de la acción, del acto, Christopher siente que llegará a algún lugar a una “revolución espiritual” como él la dice. No queda claro si lo hace para probárselo a sí mismo o si lo hace para probárselo a alguien más, pero lo mantiene vivo la fantasía de perseguir eso, todo, como lo comentó él mismo en la historia, talvez para hacer un libro posterior.
Tal vez no quede claro y mis palabras divaguen subjetivamente en lo que considero un fenómeno más general. Pero siento que la película advierte el fenómeno mismo de la adolescencia, la esencia que a partir de las particularidades de los distintos grupos sociales que se sucintan en esta etapa de la vida que no son a una ultima instancia más que distintas formas de enfrentarse ante la demanda de la autoridad.
Los clásicos punks, los recientes emos, los gángsters raperos, los roqueros y sus pearcings, los regetoneros y sus bailes sexuales políticamente incorrectos, los rastafarios y su mensaje de vida verde exaltando el uso de la mariguana, los fresas y sus sabadrinks, todos son distintas formas de atender la demanda de la autoridad, la demanda que angustia.
Al igual que Alexander Supertrump, el personaje de Into the Wild, todos los anteriores mencionados niegan en distinta medida y a diferentes modos, lo establecido por la cultura como los lineamientos que deben seguirse, y muestran a partir de lo perteneciente a cada grupo en particular una forma de nuevos modelos de referencia con lo cual tal vez buscan una “revolución espiritual”, igual que el personaje.
Conclusiones
Hablamos en este trabajo de ambos lados de la moneda, de los dos polos de la cuerda que gira entorno al tema de la autoridad. Por una parte el Tda surge, consideramos a manera de conclusión personal, como una necesidad de dar respuesta a una demanda que los infantes y los adolescentes dirigen a los padres, una demanda que es abordada desde una perspectiva incapaz. La forma de control que los adultos necesitan tener sobre los menores provocan una escucha pobre, la angustia de la demanda los aborda.
Por el otro lado, la pieza de arte Into the wild posibilita observar un fenómeno que consideramos en definitiva de características más generales al notarlo en las distintas manifestaciones de la adolescencia, no solo una búsqueda de identidad, sino una negación a la cultura y los lineamientos establecidos por la sociedad para formular sus propios modos de referencia. Al momento desde que en la cultura la autoridad pierde su fuerza y operación algo acontece que los adolescentes necesitan buscar sus nuevas formas de interpretar la vida.
Si tan solo supiéramos que es un juego, que como cualquier otro juego tiene reglas escritas y entre dichas, si tan solo jugáramos los papeles como lo que son, papeles, y si tan solo dobláramos las reglas, la saltáramos y no pensáramos en lo serio del asunto de eso que llaman realidad. El juego es algo que falta en las escuelas en nuestros días. Y pensamos que es obligación del maestro de integrarlo adecuadamente y encaminar al alumno en este terreno llamado educación, dejarlo que encuentre su propia manera de abrirse camino y jugar con su papel y escuchar aquello que dice y aquello que no dice.
La posibilidad para nosotros como psicólogos es permitir la reflexión en torno a las reglas de este juego de la dualidad, permitiendo al maestro darse cuenta de la forma en la que está inmiscuido y darle al alumno herramienta que le permita desplazarse a lo largo de este periodo de la vida.
Referencias
- Viridiana (1961) – Película-
Dirección: Luis Buñuel.
Actuaciones: Silvia Pinal, Francisco Rabal, Lola Gaos.
- María Mercedes (1992) – Telenovela-
Dirigida por Beatriz Sheridan
Protagonizada por Thalía, Arturo Peniche, Fernando Colunga
- La significación de la pedofilia – Articulo de Internet-
Serge Andre
http://antroposmoderno.com/word/lapedofilia.doc
- Dar la palabra, deseo, don y ética en educación social – Libro-
José García Molina
Gedisa
Biblioteca de la educación.
- Vigilar y Castigar – Libro-
Michel Foucault
Siglo XXI editores
-La condición humana - Libro-
Hanna Arendt
Paidos, 2002, España.
- Into the Wild – Pelicula
Direccion: Sean Penn
Actuan: Emile Hirsch, William Hurt, Marcia Gay Harden.
- Oprah – Show Americano
http://www.youtube.com/watch?v=T2_0GO_DbXk
lunes, 1 de septiembre de 2008
Doctor House y la tendencia a la medicina alternativa.

Doctor House, un medico arrogante capaz de vislumbrar tus tendencias a ocultar lo visiblemente grotesco de tu persona. Es por eso que es tan buen médico de diagnostico, no solo por el artificio de enganchar los síntomas a un saber y ejercicio científico, sino por el hecho de escuchar el relato del paciente y darle lugar para su apreciación clínica médica. Su función no está alejada de la función del psicólogo o la del psicoanalista, ni siquiera cuando House utiliza tales menesteres bajo dos preceptos, en apariencia contradictorios: una tendencia ética a hacer lo que él considere correcto (y hay que subrayar ética, y no moral) y, por supuesto, el goce de hacerte dar cuenta de su sagacidad intelectual al seguir las pistas de las pequeñas migajas que quiere esconder el paciente de su enorme pastel detrás en su espalda.
Lo importante, y que consideramos acierto constante en la serie, es la forma en que se le da lugar al hablante, al paciente. No se puede dejar de lado, dentro de una practica clínica, sea cual sea, al relato de la persona que deposita su confianza en el lugar del supuesto saber. No se está tratando con maquinas, son humanos. No es de sorprenderse que tras cada solución de caso en cada episodio radique un íntimo entramado entre la enfermedad del paciente y su historia personal. No es de sorprenderse que la mayoría de los casos de la serie se resuelvan a partir de un elemento que estuvo a la vista todo el tiempo.
Y es que como bien sabemos aquellas personas que estamos comprometidas con el quehacer clínico psicoanalítico, el relato es todo aquello donde se despliegan los distintos elementos desde los cuales haremos nuestro trabajo. En el caso del médico, éste necesita tomar tal relato, analizarlo con el ejercicio científico de la medicina y abstraer todos aquellos signos que devienen a partir de los síntomas que brotan de la boca del paciente. Recordemos un poco la definición del concepto síntoma que se distingue de signo al ser todo aquello de lo cual el paciente se refiere acerca de su enfermedad. De tal manera el signo podría ser dolor en la frente provocado por una sinusitis, mientras síntoma dolor de cabeza porque mi esposo nunca llega temprano a la casa.
La molestia de House, el displacer que hace que aborrezca las horas de clínica en el hospital es el molesto sonido de esas quejas que el paciente despliega sobre la figura doctor, he ahí su negativa a lidiar con los pacientes y mejor a trabajar el aspecto en lo cual es bueno: hacer hipótesis médicas y bromas sarcásticas, arrogantes y egocéntricas durante todo el tiempo del programa.
De una u otra manera House necesita lidiar con el síntoma para llegar al signo y construir un diagnostico preciso que le seguirá el tratamiento. Contrariedad con el trabajo psicoanalítico que lo único que se tiene y necesita es el síntoma. Lo único con lo cual se trabaja se sitúa en la línea del discurso, de lo simbólico. No se necesita nada más que las palabras del paciente.
De la misma manera que House está advertido de la molestia del discurso del paciente, de la molestia del sonido de la subjetividad que debe saltear para alcanzar su quehacer, de las mentiras; al parecer, emuladamente la medicina científica, y seré preciso, la medicina americana se ha concertado en los últimos años en el elemento que intentaron hacer a un lado, la transferencia.
Cada vez más y más rápido la medicina alternativa está ganando terreno a la medicina tradicional. Entre los principales artífices de este tipo de medicina holística con ganancias cercanas a los 20 millones de dólares al año debido a libros y videos está Deepak Chopra, médico de origen indio que promueve la propuesta de una integración entre la mente, el cuerpo y el alma.
Más allá de que su trabajo, su quehacer sea verdadero o falso, me llama la atención la tendencia a la cual se inclina la medicina.
Desde hace algún tiempo la medicina tradicional escindió un elemento primordial de la ecuación clínica: la relación médico paciente. Ahí fue donde tuvo éxito Freud al señalar la importancia, la implicación del médico en la consulta. Era claro que este formato no podía durar mucho tiempo. Los continuos problemas de las somatizaciones de los pacientes y de los placebos indicaban que existía algo más por parte de las personas que consultaban que deseaban algo diferente que solo la medicina. La figura del Doctor es primordial en la fantasía del enfermo. No es raro encontrarse en la práctica clínica pacientes que señalan al psicólogo como “doctor”. De forma personal he de compartir que tras distintos intentos de hacerles señalar a los pacientes la verdadera naturaleza de mi práctica, aun así continuaban en su nomenclatura. Es claro que esta construcción simbólica del doctor demanda algo que solo el doctor y nadie más que el médico puede conceder.
Durante un episodio de Dr. House, Gregory House demandaba continuamente a su jefa, Cody la necesidad de una inyección de morfina por su dolor en la pierna. Cody no deseaba hacerlo por el historial de dependencia farmacológica de House. A última instancia Cody accede a darle la inyección para revelarle al final del episodio que solo era un placebo, solución salina. Agua con sal que funciono perfectamente. House demandaba algo más que simplemente se le quitase el dolor.
Parece ser que la medicina alternativa u holística está situando su atención en todo aquello que circunscribe la relación paciente- medico. Es claro que la atención a tal relación se sostiene inevitablemente en la forma en como se envuelve al paciente dentro del discurso. Sin la presunción de llamarlos charlatanes al no estar apegados a una funcionalidad científica, sino más bien a una funcionalidad espiritual sazonada con aperitivos discursivos, considero que se le brinda en este sentido la oportunidad a acceder a la demanda que anteriormente no se le accedía con la medicina tradicional: la demanda de la fantasía sobre el gran Otro.
Aunque me gustaría dejar claro que no quiero decir que médicos situados en lo que se denominaría medicina tradicional no hayan advertido este pliegue de la relación medico-paciente. De hecho propondría establecer como buen médico a todo aquel (además de tener un manejo suficiente del quehacer científico, obviamente) que haya podido darse cuenta que su papel requería más que diagnostico y tratamiento. Y también dejar perfectamente claro que tampoco ésta tendencia a la medicina holística da lugar al milagro de la nueva era por el ser humano completo en unidad satisfactoria con él mismo y el universo. He de señalar que el peligro del discurso holístico, el discurso espiritual es palpable al poder sentir que caería en el exceso de utilizar constantes simbolismos, metáforas y metonimias, al convertir la realidad en una exagerada utilización de parches teniendo como consecuencia formar un sentido perecedero de ésta realidad. Recordemos al personaje de Keanu Reeves en la película THUMBSUCKER, este dentista, lector ávido de psicología y siempre en contacto con su animal totémico, la evolución de su personaje es claro donde como ultima finalización se convierte simplemente en lo que es y deja esta necesidad de dar consulta psicológica y espiritual en su lugar de trabajo; ahí simplemente se deja ser dentista.
Más allá de constituir formas de consultas espirituales, o formas de consultas frías sin la brumosa ocultación de la subjetividad, hemos de ver importante la necesidad de integrarse en el proceso, ya sea para advertir ésta demanda del paciente que llega a un terreno más allá de la medicación, o incluso como Gregory House, que te cague tus pacientes, que te enfermen sus mentiras, así que llegas a una solución: contratas a otras personas que le hagan las preguntas que a ti te incomoda hacer.
jueves, 21 de agosto de 2008
Hoy no...
Me rehúso a formar parte de conversaciones fantoches de negligencias egocentristas sin ningún fin y sobre todo con personas que aborrezca.
Me rehúso a decir “sí” cuando la negativa es implacable.
Me rehúso a no decir lo que pienso cuando la ocasión lo amerita.
Cantaré cuando una melodía me aborde.
No pienso negarme a la trampa de la mirada de una mujer.
Me rehúso a usar usares inutilizables.
Me rehúso a enamorarme… pérdida de tiempo.
Me rehúso a creer las críticas destructivas.
Me niego a no aceptar cumplidos.
Me rehúso a ser comido por un recuerdo.
Me rehúso a hacer lo que ellos quieren.
Me rehúso a mantenerme sin movimiento.
Me rehúso a ser adulto.
Me rehúso a ser niño.
Actuaré todos los papeles.
Nunca dejaré de aprender.
Me rehúso a escuchar tanto y juro atender solo lo que necesito.
A la primera oportunidad arrancaré la garganta de un maldito hablador de mierda que escupe vocablos solo para su onanista necesidad de autoprestigio.
Odio los lunes.
Me rehúso a creer que te he olvidado.
No pienso desecharte… después… ¿que me quedaría?
Me rehúso a decir “sí” cuando la negativa es implacable.
Me rehúso a no decir lo que pienso cuando la ocasión lo amerita.
Cantaré cuando una melodía me aborde.
No pienso negarme a la trampa de la mirada de una mujer.
Me rehúso a usar usares inutilizables.
Me rehúso a enamorarme… pérdida de tiempo.
Me rehúso a creer las críticas destructivas.
Me niego a no aceptar cumplidos.
Me rehúso a ser comido por un recuerdo.
Me rehúso a hacer lo que ellos quieren.
Me rehúso a mantenerme sin movimiento.
Me rehúso a ser adulto.
Me rehúso a ser niño.
Actuaré todos los papeles.
Nunca dejaré de aprender.
Me rehúso a escuchar tanto y juro atender solo lo que necesito.
A la primera oportunidad arrancaré la garganta de un maldito hablador de mierda que escupe vocablos solo para su onanista necesidad de autoprestigio.
Odio los lunes.
Me rehúso a creer que te he olvidado.
No pienso desecharte… después… ¿que me quedaría?
domingo, 17 de agosto de 2008
Nebulosa

Y entonces los tres viajeros iban a llegar a la última estrella. Esplendorosa bella e infinita. Cada uno contempló con su propia mirada, cada uno dejó ir el aliento que está les quitaba.
Fue ahí cuando el científico advirtió la energía más pura de todas, capaz de transformar cualquier cosa y doblar cualquier ley, y dijo que era única.
Y el creyente tocó la luz, y pensó en lo próximo que estaba de Dios, y dijo que era hermosa.
Entonces el psicoanalista guardo silencio, y la bautizo como subjetividad.
lunes, 28 de julio de 2008
El Efecto Cámara-Televisión

El otro día nos encontramos un articulo de Jeffrey Andrew Weinstock titulado Zombie TV. Un apartado, incluido como mero comentario, me hizo pensar en una faceta específica de la televisión y la cultura zombie mexicana:
Moving for the camera, in essence, one attempts to occupy two spaces at once. (…), watching oneself on the screen, one suddenly feels foolish, exposed to the invisible gazes of others. The encounter with the resistant doppelganger is a moment of crisis, of seeing one self not seeing, and of knowing that one can be seen not seeing. How can one regain control of one’s image? By purchasing the camera of course, and filming others.
A través de la analogía Weinstock nos ejemplifica el “efecto cámara-televisión” que puede ser vivida en cualquier tienda de electrónicos donde una cámara de video esté conectada a una televisión y nos provee, además de constatar la funcionalidad de ambos aparatos, el efecto extraño de “verse sin verse”, como lo titularía Weinstock. Todo encajaba como una nota curiosa donde solo lectores psicoanalíticos lacanianos encontrarían una significación posterior y más elaborada; pero Weinstock lanza un último gancho al final de su ejemplificación.
En su pequeña alegoría posmoderna capitalista, Weinstock describe el suceso como un “momento de crisis”, de angustia, de encuentro con una realidad externa que no podemos digerir. Un momento en el que no toleramos la imagen del urbano y tecnológico espejo, ante esto Weinstock nos presenta un interesante elemento: “¿Como hacer para volver a obtener el control? Pues tomando la cámara y comenzar a filmar a otros”.
El tratado se constata como algo tan común, normal y cotidiano que hay que desenvolverlo para darse cuenta de las posibilidades. No estoy seguro hacia donde quería llegar Andrew, pero ante mi mente, al momento de estar leyendo el artículo, no pude evitar pensar en los programas de espectáculos de chismes. En la forma en que los conductores dirigen la mirada vouyerista del espectador. La forma en que estos periodistas utilizan la imagen para encarnar el dedo delator, el goce social inmerso en la vida fantasmática de entes construidos para tal fin.
Igual que aquella famosa fábula religiosa: “Aquel que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”. Todos hemos sido testigos, delatores, incluso participes de chismes de nuestros subgrupos sociales. Todos hemos sentido el punzante goce de desmembrar, cual naranja en gajos, la información confidencial de algún miembro de algún subgrupo social al cual pertenecemos.
Es tan delicioso el chisme y tan delator al mismo tiempo. Es tan fácil caer en presunciones y teorías que tienen altas probabilidades de ser falsas, y sobre todo, no es raro caer en proyecciones espontáneas, he ahí su característica delatora.
¿Porqué es tan incomodo este momento de “verse sin verse”? Este momento donde nuestros ojos no se encuentran como en el reflejo porque vemos nuestra propia imagen desde otra perspectiva. Parecería que existe un tercero, función que es ocupada por la cámara. Es difícil de digerirlo porque todos tenemos una imagen imaginaria de lo que somos, al momento de entablarlo en una triangulación, al momento de establecerlo en una función de la perspectiva del otro, caemos en angustia.
¿Cómo hacer para manejar este momento de angustia debido a que no contenemos elementos simbólicos estables de nuestra propia imagen? Lacan lo sabía muy bien. El estadio del espejo es constituido en base del deseo del otro, de aquella madre que dice al pequeño desde atrás, mientras el nene observa por primera vez su reflejo, “qué lindo estás”, o “qué horrible, pareces un gnomo”, o incluso “dios, este maldito saco de carne y huesos no deja de comer, debería tirarlo a la basura”.
Lo cierto es que bajo esta sociedad civilizada tecnócrata, nuestra imagen está en constante cambio. Nunca estamos suficientemente delgados, o suficientemente gordos, o suficientemente propios para el estándar de belleza social. Por tal no es de sorprenderse las marejadas de fotos en Internet contenidas en fotologs o facebooks, donde el autorretrato es tomado desde arriba hacia abajo en las chicas (para hacer notar su belleza corporal y la constitución simbólica de la pasividad histérica frente al amo), o desde abajo hacia arriba en los chicos (para denotar la agresividad con tintes gansters y lo proactivo de su masculinidad). No es de asombrarse que cada vez en esta sociedad lo que más está cuestionado es nuestra propia imagen.
Ahora, ¿cómo hacer para evitar ser cuestionados? Pues sencillo, comiencen a cuestionar. Eviten comenzar a preguntarse o peor aun, que les pregunten, si están suficientemente gordos, o si están suficientemente flacos, y comiencen a cuestionárselo a otras personas. Evítense la pena del incomodo “momento de crisis” del estarse “viendo sin verse” a través de ese ojo delator contenido en las fauces abismales del lente de la cámara, y, carajo ¡tomen la cámara! Filmen a otras personas y siéntanse a gusto y confortables detrás del lente, siendo el que enjuicia, no el enjuiciado.
Gocen comiéndose los gajitos de las naranjas de otras personas. Hasta que sean golpeadas en el cuarto de un motel por un amante suyo y tengan que demandar a otras personas cada vez que utilicen su nombre sin derechos de autor. Olvídense de su imagen imaginaria, olvídense de lo patéticos, feos, gordos, viejos, homosexuales, nacos o falsos que son y mejor búrlense de lo insípido, horribles, cerdos, ancianos, jotos, verduleros o wanabies de otras personas.
Disfrútenlo, bienvenidos a la postmodernidad, bienvenidos a la carretera de información, bienvenidos al efecto cámara-televisión.
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