lunes, 8 de septiembre de 2008

La Función de la Autoridad; el juego de la dualidad.






El presente trabajo se sitúa en la clasificación burda apenas de ejercicio literario. Lo tomamos más como un pretexto para trabajar ideas, reflexiones y otras ocurrencias respecto a un tema constante en la forma de educar de nuestros días: la autoridad.

Sentimos como autor de este burdo ejercicio literario que en perspectiva la filosofía y el quehacer clínico psicoanalítico se ocupa cada vez más de un pliegue que se ha vuelto más palpable en nuestra sociedad occidental, en sus diferentes latitudes y en sus distintos modos de afectación; éste pliegue es el de la autoridad y la perdida misma de ésta autoridad. Algo pasa cuando en las expresiones artísticas señalan con desdemida el constante empobrecimiento de la figura paterna. Desde la película Viridiana (1961) de Buñuel hasta Maria Mercedes (1992) y su padre alcohólico, la constante referencia a al decadencia de la figura paterna nos hace preguntarnos no solo si afecta (porque encontramos evidente la conexión simbólica entre ambos fenómenos) sino cómo afecta.

Algo pasa cuando en la cultura mexicana comienzan a destaparse movimientos de mujeres católicas por el derecho a decidir, marchas que son dirigidas a los dirigentes gubernamentales incompetentes y al sistema corrupto del país del cual, por cierto, todos formamos parte, o cuando un sacerdote respondiente al seudónimo actoral del “Padre Juanjo” ejerce función como censor moral en un programa de chismes comentando la displicencia formal del cantante boricua Ricky Martin ante la posibilidad de formar una familia, en vez de tal acción su decisión de “rentar” el útero de una prima y tener dos hijos gemelos es tachado sin tregua alguna por el sacerdote.

La función de la autoridad está cuestionada estos días. La función del que autoriza parece mas viable y la formula vieja de control absoluto tiende a tomar todo el terreno posible.

Tenemos un problema, tenemos algo dentro de los salones de clases que hace que el alumno conteste de manera agresiva y que hace que el maestro responda de manera igualitariamente agresiva. Existe la tendencia a olvidar cuales son las reglas del juego que propondremos a lo largo del trabajo, reglas que como todo juego hay que seguirlas, doblarlas, saltarlas pero no romperlas, porque entonces dejamos de jugar y alguien comienza a enojarse.

El presente trabajo busca a referencia de reflexiones y ocurrencias y lectura de otros autores encontrar una forma de solución que tenga aplicación clínica dentro de los salones de clases. Nuestro deseo con la finalización de estas letras es buscar una forma de orientación en el cual el psicólogo clínico se presente ante la posibilidad de actuación dentro de la complicada función de educar, abordando, sin darle vueltas ni tratarlo con medias tintas la problemática de la autoridad y la falta de ésta en el salón de clases.

La forma en que trabajaremos nuestro ejercicio literario estará en función de dos partes. Pondremos atención en ambos lados de la moneda: por una parte introduciremos una investigación en línea de lo que las personas suelen llamar trastorno de déficit de atención e hiperactividad, buscando no solo leer las palabras que están en el envase, aquello que los expertos dicen que son estos desordenes, sino también las palabras que están en la boca de los enfermos y allegados y cuales son las consecuencias. Y por la otra parte analizaremos la película Into the wild (2007) dirigida por Sean Penn donde esperamos desplegar las reflexiones que nos hizo tener tal expresión artística.

Ambos lados son muy importantes para nuestro presente trabajo. Por medio del interés en el trastorno de déficit de atención (tda) buscamos señalar la forma en que los adultos se enfrentan ante la demanda de ser los artífices de la autoridad y por la parte de la película Into the wild buscaremos reflexionar respecto al alumno y una de las formas de enfrentar la autoridad (la que consideramos más común y con diferentes versiones, hemos de agregar).



Primera parte:
Angustia ante la demanda.




Seamos moneros por un momento, convirtámonos en algún dibujante de algún tabloide y exageremos los rasgos de la realidad para denunciar lo grotesco de ésta. La imagen que viene a mi mente es la de una maestra en un salón de clase con cuarenta alumnos pataleando, gritando, peleando, berreando, llorando y saltando por los seis por seis del aula. ¿Cómo responder ante tal problemática? No tengo idea. Por tal es definitivo que se conoce a la profesión de maestro como uno de las profesiones más difíciles con la que pudieran toparse. Pareciera que es tan sencillo perder el control.

La maestra no solo tiene que “controlar” a los alumnos, sino sacar a flote el programa escolar dictado por la Secretaria de Educación, tiene que callar las voces de los cuarenta niños del salón para que se haga escuchar la suya y se pueda transmitir lo que el sistema quiere que se transmita. Un sistema que muchas de las veces solo ve lo incontrolablemente estrecho de su visión al momento de implantar lineamientos en lugares donde ni siquiera los dirigentes que implantan tales lineamientos están. Por lo tanto estaremos terminando nuestra caricatura no solo con un salón hecho un desmadre por los alumnos, sino un escritorio lleno de papeles y una maestra atareada por tales papeles: la demanda es doble.
El sistema demanda, los alumnos demandan, los padres demandan. De alguna manera todos son demandantes en el contexto escolar. Las necesidades a cubrir parecerían infinitas y no debemos olvidar que las distintas adecuaciones en las mas nuevas generaciones de maestros, este cambio cultural de la figura del maestro, el cambio cultural que le prohíbe pegar, gritarles feos a los niños, achica su zona de actividad. No queremos decir con esto que los maestros funcionarían mejor ante la oportunidad de golpear a sus alumnos, sino que existe en definitiva esta percepción de achicamiento, de empequeñecimiento. Lo tiempos cambian y si la forma de actuar del maestro no cambia, éste perecerá.

Al momento de pensar más este desplegado que estamos tratando, esta demanda escolar, nos encontramos con dos formas de apreciaciones que en un cierto momento adquieren un carácter contradictorio. Por un momento recordamos un artículo de Serge André, La significación de la pedofilia, donde habla acerca de la idolatría que se le deposita sobre la niñez adjuntada a una “obsesión correlativa de la protección de la infancia”, una necesidad a mantener a lo más “sagrado” de nuestro días: los niños. Se les protege en sobremedida, una sobremedida que llega a rozar con lo inadecuado, en el sentido que no observamos un equilibrio. Hemos de recordar un episodio clínico de nuestra practica donde una madre de algún paciente nos hace la referencia, nos cuenta un encuentro que tuvo con del maestro de su hijo, éste maestro le hace la indicación de que cuando regañe al pequeño no le diga que lo está castigando, que utilice otra palabra pero que no le diga que lo está castigando. El episodio clínico no pudimos olvidarlo por la ejemplificación tan buena que nos brindó. Dos preguntas: ¿Qué acaso al cambiarlo de nombre no tendrá las mismas repercusiones? Y ¿Por qué no castigarlo? Si el chico se lo merece, no encontramos una necesidad en no castigarlo. Pareciera que observamos a la niñez en nuestros tiempos como una cosa frágil que no se le puede cometer algún error porque estaríamos desgraciándolos eternamente. Esto sin dudar se traslada al campo escolar donde el trato del maestro con los niños debe ser con un cuidado específico tratando de no molestar a los padres de familia, cumpliendo la demanda que se le deposita.

Pero pareciera que ciertos autores han hallado una forma de solucionar tal problemática, vaya, una vez que estas atorado y los antiguos modelos de referencia dejan de funcionar, en definitiva necesitas inventarte nuevos modelos de referencia. A propósito de esto, en el libro Dar la palabra, deseo, don y ética en educación social, de José García Molina hace una reflexión pedagógica bastante funcional para nuestra apreciación. En cierto sentido se convierte como una orientación y nos indaga en aspectos que son necesarios pensar. Respecto a lo que estamos entretejiendo, José García Molina señala que los cuidados del escolar es solo una de las funciones del instructor, maestro o pedagogo. No más importante, no única función, sino solo una de las funciones. Si bien advierte que los cuidados son la base de la pedagogía en si misma, consideramos que deja entre líneas escrito que pareciera que esta función, al igual que muchas de otras funciones, a veces acarrea la necesidad de ser disfuncional. Nos referimos que los cuidados o vigilancia sobre el infante (y esto lo precisa de manera puntual al momento de citar a Kant) no pueden impedir el desarrollo individual del pequeño, la subjetividad misma del infante necesita explorar sus posibilidades y las posibilidades del exterior inmediato a él. Existen millones de cosas que no pueden incluirse en una planeación pedagógica, programa escolar o incluso sesión psicoanalítica. Hay millones de cosas que el infante mismo necesita descubrir por él mismo.

He de compartir una ocurrencia, un recuerdo de mi niñez: en éste estoy en una cocina de alguna conocida de mi madre, tenía cerca de cuatro años, talvez cinco. Junto a la estufa estaba el lavatrastos y yo me dirijo a lavármelas ahí, en la separación de la estufa y el lavatrastos existe un espacio perfecto para que un niño de mi edad se posicione ahí justamente e intente alcanzar el agua fluyendo de la llave. Al ponerme ahí en medio, mi cuerpo apenas roza con la estufa y recuerdo que mi madre me dice: “Cuidado, la estufa está caliente, no te vayas a quemar”. Justamente, estaban horneando algo que no recuerdo que era y en ese instante estiro mi pierna, haciendo que mi pantorrilla se pegue a la pared de la estufa provocándome un enorme dolor.
La instrucción de mi madre era clara, no había posibilidad de que yo la malentendiera, justamente el episodio podría ser descrito perfectamente como un accidente, pero el psicoanálisis nos ha enseñado que los accidentes son importantes y los errores, los lapsus, aciertan en sí mismo por la equivocación. Hemos de interpretar que mi necesidad era corroborar esa advertencia de mi madre. Como función misma de la paternidad, como función misma de la funcionalidad de la alineación y separación de los niños sobre sus padres para que devengan sujeto, necesitaba saber no solo si la estufa quemaba, sino cuanto. Creo que sí lo corroboré.

El niño a cierta edad necesita corroborar aquellos supuestos que le han dicho que existen. Necesita hacer esta función de la separación, no creer en una totalidad lo que su madre, padre o cuidador le dicen y corroborarlo por él mismo. Si fuera de la otra manera, si el niño creyera por completo lo que la madre le dice, podríamos estar tocando incluso la estructura misma de la psicosis. Existe una separación que José García Molina expone al citar al fundador de la pedagogía científica, Herbart, tal separación adquiere una significancia particular para nosotros desde le momento de la utilización de las palabras con las cuales se hizo: Herbart hace una diferenciación entre formación del espíritu y el simple mantenimiento del orden. Nos gusta mucho como es tratado el tema al utilizar la palabra simple en el formato de mantenimiento del orden, suscribiendo la formación del espíritu en un nivel muy distinto de complejidad, e incluso lo establece como más importante en el sentido de su formulación abstracta. Al entendimiento de nuestras palabras y esto lo señala también José García Molina, estaríamos hablando de la construcción de un sujeto, la instrucción de los contenidos de la cultura que constituye, estaríamos hablando de la subjetividad.

Pero pareciera que en nuestro tiempos ésta subjetividad se ha olvidado. Pareciera que ahora el simple mantenimiento del orden es mucho más importante que acompañar a un niño en el encuentro de sí mismo y su ambiente, en el encuentro de su subjetividad. Pareciera que en nuestros días las escuelas lo que necesitan es suscribir un orden establecido por el sistema y la balanza cae en desbalance aplastando el espíritu mismo del infante. Esto es evidente y no tenemos duda al respecto, las funciones del uniforme, el corte de cabello, hacer filas cada comienzo de actividades son elementos que se repiten en los reclusorios de delincuentes, el lugar donde el orden es imprescindible para la funcionalidad de la institución y la forma en que lo logran es socavando los impulsos, los deseos y todo rastro de identidad. Éste es un tema ampliamente tratado por Michel Foulcault en Vigilar y castigar.

Aquí, en este momento, nos daremos la oportunidad de integrar el carácter contradictorio que mencionábamos un par de hojas antes. Si por un lado se le idolatra al niño, se le imparte éste significante de pureza y bondad; por otro lado se le concibe como una animalito el cual debe de ser gobernado, suscrito a los lineamientos de la cultura y atado para que devenga como ciudadano. La propuesta del psicoanálisis no es muy distinta a lo que señalé, lo que me refiero es que en elementos consideramos que es particularmente similar. Un niño como perverso mismo necesita ser adscrito a la cultura, pero necesita devenir como sujeto, no como ciudadano. Además hemos de integrar que es muy importante la forma antes que el contenido. De esta manera podemos entrever la importancia de las palabras y la subjetividad en la educación, la forma es primordial, el encuentro del maestro y el alumno.

Pero pareciera que esto no se comprende, que es más importante el orden que el advenimiento del sujeto, parece que es más importante vigilar y castigar que educar. Es aquí donde entra el Trastorno de déficit de atención. Diagnostico inventado por la psiquiatría en nuestros tiempos modernos para entablar un cuadro, un desorden de lo que no debe desordenarse, ni salirse, ni pervertirse de su senda (aquí podemos preguntarnos cuál senda y quién dice cómo es). El trastorno de déficit de atención o tda entabla una mal función neurobiológica al nivel de neurotransmisor que tiene impacto en su función conductual.

De entrada podemos advertir la sujeción del hombre dentro del terreno de lo animal, adscribiéndolo a la naturaleza más complicada pero sencilla a la vez. La condición humana, tal como nos explica Hanna Arendt se puede fácilmente confundir en nuestros tiempos con la naturaleza humana. Se le da al infante una característica de serie, de constitución perecedera, tal como se le haría a un producto de mercado en el que los procesos son los mismos no importando el lugar el contexto o las características particularidades del infante. Un diagnostico es peligroso desde psicología cuando se le admite una característica global, instruyéndolo dentro de los lineamientos establecidos en alguna teoría dada. El diagnostico no puede devenir, aparecer, sin un encuentro entre el profesional y el paciente. Hemos de confesar que nos es incomodo el pensar en esta postura desde cualquier profesional de la salud mental, dígase psiquiatra, psicólogo, psicoterapeuta o analista. Una postura donde la aceptación de lo que dice el especialista es aceptada tal como tal, sin cuestionamientos ni alguna otra “insubordinación” aceptable ante el discurso del otro.

Buscando en la red encontramos un fragmento de un programa de televisión norteamericana de la famosa conductora Oprah Winfrey, el programa estaba enfocado al problema de los infantes con trastorno de atención e hiperactividad y también el síndrome tourette, tocando de costado el trastorno obsesivo compulsivo. Un programa muy enternecedor al conocer las palabras de los pacientes que han sido medicados por tales desordenes, lo que nos llamó en primera instancia la atención fue el hecho que estos pacientes al momento de hablar de su desorden, ellos podían explicar su malestar incluso mejor que el especialista mismo. No podíamos dejar de pensar en la función que dentro de su identidad acarreaba por las palabras del diagnostico. Una identidad que les brinda, efectivamente, las palabras del medico, pero no es una identidad donde ellos propongan su personalidad misma, su subjetividad. Muy distinto ser el niño chiflado, mimado, el rey de la casa que se come los mocos, más que “hiperactivo”, denominación que encasilla dentro de un terreno que no le pertenece al que lo ocupa.

Otra cosa que hemos de notar, no solo en ese programa, pero en el discurso continuo que leemos ya sea de artículos, reportajes de noticieros etcétera, es la ausencia misma del discurso de los padres. La posibilidad de incluir el trastorno de déficit de atención dentro de lo biológico imposibilita la forma en la cual los padres están inmiscuidos en el síntoma.

Hemos de compartir esta sensación que la clínica nos posibilitó, una sensación donde los padres llegan con el hijo por delante y una cara que pudiéramos explicar tal vez con la palabra vergüenza, una forma de ver el síntoma que apareció en su hijo como culpa suya. La manera que me enseñaron en la técnica misma es la de manejar estos niveles de angustias y decirle a los padres que vienen a consulta que no se trata de saber quien tiene la culpa sino se trata de arreglar las cosas que no han estado funcionando. Pero me quedo pensando en el contexto que ya hemos estado señalando en estas páginas, y pareciera que bajo el discurso cultural ser padre es una forma de nunca equivocarse. Vemos que los padres necesitan funcionar bajo cierta certeza para poder brindar alguna respuesta, la inseguridad de ciertos temas que hace que los menores no adquieran las respuestas que necesitan y que hace que la angustia crezca por parte de los padres ante esas demandas.



Segunda parte:
La demanda que angustia.


Into the wild es una película que se encuentra narrativamente ubicada entre los años 1990 y 1992, no nos sorprende al momento de pensar en la generación de tal línea temporal: la generación x. Caracterizada por sus ropas sin-sentido, pelos alborotados con igualitario sin-sentido y la mayor taza de divorcio poblacional, la generación x bautizó su nombre por la especifica relación que tenían al no establecerse bajo ningún ideal estándar o alguna fuente de movimiento cultural. Algo pasó en los modelos de referencia que hizo que la cultura se moviera hacia tales lugares.



El personaje principal, Christopher McCandless emprende un viaje de dos años que culmina en la austeridad total de un invierno dentro de un autobús abandonado en Alaska. El porqué de sus razones son abordadas durante la película. Pero nos orientamos principalmente en sus relaciones familiares. Christopher es un muchacho brillante, excelente atleta y tal como lo describe su hermana durante la narración de la historia, un joven solitario que vive acompañado de los personajes de sus libros los cuales cita en ocasiones que son ameritadas. Sus principios son inseparables, los tiene fundamentados y su voluntad es recia. Decide emprender tal viaje después de la graduación de su collage, da todos los ahorros que tenía guardados para Harvard a caridad y avanza sin un centavo a recorrer todo los Estados Unidos de America para lograr, justo como se refiere él, “the ultimate adventure”.

La relación con sus padres adquiere un carácter de recelo, iras acumuladas durante años por un matrimonio disfuncional lo llevaron a tomar una filosofía anticapitalista que no abandona jamás. Su principal razón por la cual él considera que vivir en austeridad le da elementos de dignidad es la mentira y las falsas esperanzas con las cuales viven sus padres, rodeados del materialismo capitalista de Norteamerica de fin de siglo.

Christopher, o Alexander Supertramp, seudónimo empleado durante su viaje, adquiere la demanda particular de no aceptar nada. “No quiero nada de ustedes” es lo que literalmente saca de su boca, demanda que es dirigida y tiene remitente en los padres directamente. Por medio de un desplazamiento, Christopher lanza todos estos contenidos afectivos a un terreno más amplio político, obligándolo a adquirir nuevas referencias personales, referencias que hablan de una negación de la cultura a la que pertenece, una cultura en la cual la identidad que te otorga va encaminada al consumismo y la pertenencia al mercado.

La forma en la cual adquiere nuevos modelos de referencias es haciendo este viaje. De alguna u otra manera, el mismo hecho de la acción, del acto, Christopher siente que llegará a algún lugar a una “revolución espiritual” como él la dice. No queda claro si lo hace para probárselo a sí mismo o si lo hace para probárselo a alguien más, pero lo mantiene vivo la fantasía de perseguir eso, todo, como lo comentó él mismo en la historia, talvez para hacer un libro posterior.

Tal vez no quede claro y mis palabras divaguen subjetivamente en lo que considero un fenómeno más general. Pero siento que la película advierte el fenómeno mismo de la adolescencia, la esencia que a partir de las particularidades de los distintos grupos sociales que se sucintan en esta etapa de la vida que no son a una ultima instancia más que distintas formas de enfrentarse ante la demanda de la autoridad.

Los clásicos punks, los recientes emos, los gángsters raperos, los roqueros y sus pearcings, los regetoneros y sus bailes sexuales políticamente incorrectos, los rastafarios y su mensaje de vida verde exaltando el uso de la mariguana, los fresas y sus sabadrinks, todos son distintas formas de atender la demanda de la autoridad, la demanda que angustia.

Al igual que Alexander Supertrump, el personaje de Into the Wild, todos los anteriores mencionados niegan en distinta medida y a diferentes modos, lo establecido por la cultura como los lineamientos que deben seguirse, y muestran a partir de lo perteneciente a cada grupo en particular una forma de nuevos modelos de referencia con lo cual tal vez buscan una “revolución espiritual”, igual que el personaje.


Conclusiones

Hablamos en este trabajo de ambos lados de la moneda, de los dos polos de la cuerda que gira entorno al tema de la autoridad. Por una parte el Tda surge, consideramos a manera de conclusión personal, como una necesidad de dar respuesta a una demanda que los infantes y los adolescentes dirigen a los padres, una demanda que es abordada desde una perspectiva incapaz. La forma de control que los adultos necesitan tener sobre los menores provocan una escucha pobre, la angustia de la demanda los aborda.

Por el otro lado, la pieza de arte Into the wild posibilita observar un fenómeno que consideramos en definitiva de características más generales al notarlo en las distintas manifestaciones de la adolescencia, no solo una búsqueda de identidad, sino una negación a la cultura y los lineamientos establecidos por la sociedad para formular sus propios modos de referencia. Al momento desde que en la cultura la autoridad pierde su fuerza y operación algo acontece que los adolescentes necesitan buscar sus nuevas formas de interpretar la vida.

Si tan solo supiéramos que es un juego, que como cualquier otro juego tiene reglas escritas y entre dichas, si tan solo jugáramos los papeles como lo que son, papeles, y si tan solo dobláramos las reglas, la saltáramos y no pensáramos en lo serio del asunto de eso que llaman realidad. El juego es algo que falta en las escuelas en nuestros días. Y pensamos que es obligación del maestro de integrarlo adecuadamente y encaminar al alumno en este terreno llamado educación, dejarlo que encuentre su propia manera de abrirse camino y jugar con su papel y escuchar aquello que dice y aquello que no dice.

La posibilidad para nosotros como psicólogos es permitir la reflexión en torno a las reglas de este juego de la dualidad, permitiendo al maestro darse cuenta de la forma en la que está inmiscuido y darle al alumno herramienta que le permita desplazarse a lo largo de este periodo de la vida.




Referencias



- Viridiana (1961) – Película-
Dirección: Luis Buñuel.
Actuaciones: Silvia Pinal, Francisco Rabal, Lola Gaos.

- María Mercedes (1992) – Telenovela-
Dirigida por Beatriz Sheridan
Protagonizada por Thalía, Arturo Peniche, Fernando Colunga

- La significación de la pedofilia – Articulo de Internet-
Serge Andre
http://antroposmoderno.com/word/lapedofilia.doc

- Dar la palabra, deseo, don y ética en educación social – Libro-
José García Molina
Gedisa
Biblioteca de la educación.

- Vigilar y Castigar – Libro-
Michel Foucault
Siglo XXI editores

-La condición humana - Libro-
Hanna Arendt
Paidos, 2002, España.

- Into the Wild – Pelicula
Direccion: Sean Penn
Actuan: Emile Hirsch, William Hurt, Marcia Gay Harden.

- Oprah – Show Americano
http://www.youtube.com/watch?v=T2_0GO_DbXk

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