
Doctor House, un medico arrogante capaz de vislumbrar tus tendencias a ocultar lo visiblemente grotesco de tu persona. Es por eso que es tan buen médico de diagnostico, no solo por el artificio de enganchar los síntomas a un saber y ejercicio científico, sino por el hecho de escuchar el relato del paciente y darle lugar para su apreciación clínica médica. Su función no está alejada de la función del psicólogo o la del psicoanalista, ni siquiera cuando House utiliza tales menesteres bajo dos preceptos, en apariencia contradictorios: una tendencia ética a hacer lo que él considere correcto (y hay que subrayar ética, y no moral) y, por supuesto, el goce de hacerte dar cuenta de su sagacidad intelectual al seguir las pistas de las pequeñas migajas que quiere esconder el paciente de su enorme pastel detrás en su espalda.
Lo importante, y que consideramos acierto constante en la serie, es la forma en que se le da lugar al hablante, al paciente. No se puede dejar de lado, dentro de una practica clínica, sea cual sea, al relato de la persona que deposita su confianza en el lugar del supuesto saber. No se está tratando con maquinas, son humanos. No es de sorprenderse que tras cada solución de caso en cada episodio radique un íntimo entramado entre la enfermedad del paciente y su historia personal. No es de sorprenderse que la mayoría de los casos de la serie se resuelvan a partir de un elemento que estuvo a la vista todo el tiempo.
Y es que como bien sabemos aquellas personas que estamos comprometidas con el quehacer clínico psicoanalítico, el relato es todo aquello donde se despliegan los distintos elementos desde los cuales haremos nuestro trabajo. En el caso del médico, éste necesita tomar tal relato, analizarlo con el ejercicio científico de la medicina y abstraer todos aquellos signos que devienen a partir de los síntomas que brotan de la boca del paciente. Recordemos un poco la definición del concepto síntoma que se distingue de signo al ser todo aquello de lo cual el paciente se refiere acerca de su enfermedad. De tal manera el signo podría ser dolor en la frente provocado por una sinusitis, mientras síntoma dolor de cabeza porque mi esposo nunca llega temprano a la casa.
La molestia de House, el displacer que hace que aborrezca las horas de clínica en el hospital es el molesto sonido de esas quejas que el paciente despliega sobre la figura doctor, he ahí su negativa a lidiar con los pacientes y mejor a trabajar el aspecto en lo cual es bueno: hacer hipótesis médicas y bromas sarcásticas, arrogantes y egocéntricas durante todo el tiempo del programa.
De una u otra manera House necesita lidiar con el síntoma para llegar al signo y construir un diagnostico preciso que le seguirá el tratamiento. Contrariedad con el trabajo psicoanalítico que lo único que se tiene y necesita es el síntoma. Lo único con lo cual se trabaja se sitúa en la línea del discurso, de lo simbólico. No se necesita nada más que las palabras del paciente.
De la misma manera que House está advertido de la molestia del discurso del paciente, de la molestia del sonido de la subjetividad que debe saltear para alcanzar su quehacer, de las mentiras; al parecer, emuladamente la medicina científica, y seré preciso, la medicina americana se ha concertado en los últimos años en el elemento que intentaron hacer a un lado, la transferencia.
Cada vez más y más rápido la medicina alternativa está ganando terreno a la medicina tradicional. Entre los principales artífices de este tipo de medicina holística con ganancias cercanas a los 20 millones de dólares al año debido a libros y videos está Deepak Chopra, médico de origen indio que promueve la propuesta de una integración entre la mente, el cuerpo y el alma.
Más allá de que su trabajo, su quehacer sea verdadero o falso, me llama la atención la tendencia a la cual se inclina la medicina.
Desde hace algún tiempo la medicina tradicional escindió un elemento primordial de la ecuación clínica: la relación médico paciente. Ahí fue donde tuvo éxito Freud al señalar la importancia, la implicación del médico en la consulta. Era claro que este formato no podía durar mucho tiempo. Los continuos problemas de las somatizaciones de los pacientes y de los placebos indicaban que existía algo más por parte de las personas que consultaban que deseaban algo diferente que solo la medicina. La figura del Doctor es primordial en la fantasía del enfermo. No es raro encontrarse en la práctica clínica pacientes que señalan al psicólogo como “doctor”. De forma personal he de compartir que tras distintos intentos de hacerles señalar a los pacientes la verdadera naturaleza de mi práctica, aun así continuaban en su nomenclatura. Es claro que esta construcción simbólica del doctor demanda algo que solo el doctor y nadie más que el médico puede conceder.
Durante un episodio de Dr. House, Gregory House demandaba continuamente a su jefa, Cody la necesidad de una inyección de morfina por su dolor en la pierna. Cody no deseaba hacerlo por el historial de dependencia farmacológica de House. A última instancia Cody accede a darle la inyección para revelarle al final del episodio que solo era un placebo, solución salina. Agua con sal que funciono perfectamente. House demandaba algo más que simplemente se le quitase el dolor.
Parece ser que la medicina alternativa u holística está situando su atención en todo aquello que circunscribe la relación paciente- medico. Es claro que la atención a tal relación se sostiene inevitablemente en la forma en como se envuelve al paciente dentro del discurso. Sin la presunción de llamarlos charlatanes al no estar apegados a una funcionalidad científica, sino más bien a una funcionalidad espiritual sazonada con aperitivos discursivos, considero que se le brinda en este sentido la oportunidad a acceder a la demanda que anteriormente no se le accedía con la medicina tradicional: la demanda de la fantasía sobre el gran Otro.
Aunque me gustaría dejar claro que no quiero decir que médicos situados en lo que se denominaría medicina tradicional no hayan advertido este pliegue de la relación medico-paciente. De hecho propondría establecer como buen médico a todo aquel (además de tener un manejo suficiente del quehacer científico, obviamente) que haya podido darse cuenta que su papel requería más que diagnostico y tratamiento. Y también dejar perfectamente claro que tampoco ésta tendencia a la medicina holística da lugar al milagro de la nueva era por el ser humano completo en unidad satisfactoria con él mismo y el universo. He de señalar que el peligro del discurso holístico, el discurso espiritual es palpable al poder sentir que caería en el exceso de utilizar constantes simbolismos, metáforas y metonimias, al convertir la realidad en una exagerada utilización de parches teniendo como consecuencia formar un sentido perecedero de ésta realidad. Recordemos al personaje de Keanu Reeves en la película THUMBSUCKER, este dentista, lector ávido de psicología y siempre en contacto con su animal totémico, la evolución de su personaje es claro donde como ultima finalización se convierte simplemente en lo que es y deja esta necesidad de dar consulta psicológica y espiritual en su lugar de trabajo; ahí simplemente se deja ser dentista.
Más allá de constituir formas de consultas espirituales, o formas de consultas frías sin la brumosa ocultación de la subjetividad, hemos de ver importante la necesidad de integrarse en el proceso, ya sea para advertir ésta demanda del paciente que llega a un terreno más allá de la medicación, o incluso como Gregory House, que te cague tus pacientes, que te enfermen sus mentiras, así que llegas a una solución: contratas a otras personas que le hagan las preguntas que a ti te incomoda hacer.
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