
Ambos Sentidos de la Violencia.
La ciencia ficción no habla acerca del futuro, ni de naves. No habla acerca de la velocidad que se necesita alcanzar para llegar a Saturno antes del desayuno; seguro entorna, baila o coquetea con esos tópicos, pero si escuchamos abiertamente, la ciencia ficción alega algo que no se ubica muy alejado del contexto del público al cual va dirigido, tal vez un disimulado “qué tal si…“ forma parte de un juego delirante entretenido, pero con lo que la ciencia ficción es atravesada y atraviesa, hiere y perfora: es con el presente.
Es lo que nos entromete en estas líneas: una sensación insuficiente en palabras, más en tonalidades azarosas, pasiones revoltosas que fueron despertadas por la película “District 9”. La paradoja misma de situarla en el presente como un universo alterno de un “qué tal si una nave extraterrestre no llega a Nueva York, Los Ángeles, Paris, Hong Kong, si no a Johannesburgo”. La película involucra una realidad existente en nuestra sociedad, basándose en los acontecimientos del sesenta y seis en una zona residencial de Ciudad del Cabo donde fue declarada “zona blanca”, obligando el desalojo de más de sesenta mil individuos, de esta manera la película utiliza una analogía, una metáfora, le da cuerda a un delirio e intromete un síntoma para mentir y aún así decir la verdad.
Una colonia de alienígenas que los llegan a señalar despectivamente como “Prawns” o “Langostinos” en su versión castellana, arriban sobre esta ciudad mencionada anteriormente. La desnutrición, falta de organización social y dificultades de comunicación -sin mencionar acerca de la imposibilidad de regresar a su hogar- los orilla a permanecer dentro de este distrito que da alusión en el título de la pieza. Nuestro amado planeta tierra designa a una institución internacional bajo el nombre de MNU (Multi National United) para organizar todo acontecimiento perenne a estos “langostinos”. Y es así como básicamente la película comienza dentro de este sentido de “mock documentary”, donde las primeras imágenes dan alusión a una realidad que podríamos cohabitar por su forma de narrativa emparentada al documental, elemento imprescindible para la historia que está apunto de ser contada ya que sumerge al espectador en ese mundo de manera inmediata y casi irremediable. Para los primeros veinte minutos de la película ya sabes que algo pasó al personaje que al parecer va a ser el principal, lo cual he de confesar mi incomodidad de que un protagonista tan real (cobarde, abusador, inseguro) fuese a representar al personaje principal donde hubiera esperado un atacamiento más cerca a la mitología del héroe.
Wikus van de Merwe básicamente se somete a la enorme tarea de trasladar a estos alienígenas a otro distrito, más “bonito”, “cómodo”, “seguro” y sobre todo lejos. Como todo buen burócrata lo único que hace y sabe hacer es eso que le dicen qué hacer, cómo o cuando, la forma en cómo intenta aproximarse a estas criaturas, efectivamente, comienza de una manera cordial y diplomática, por el hecho de estar siendo grabado y formando parte de un papel directivo en la operación, sin embargo, paulatinamente deja entrever ese sentido de incomodidad, asco y agresión sobre las criaturas. Casi me puedo imaginar a una recepcionista del IMSS en su primer día de trabajo, pensando “¿Por qué la gente tiene a esta institución con esa reputación? ¡Yo haré la diferencia!”. Lamentablemente todos sabemos cómo va a acabar esa historia, efectivamente, la recepcionista pondrá cara de perro en máximo tres semanas y será como toda recepcionista de institución pública del país.
Básicamente la institución da identidad. Wikus forma parte de MNU, de una forma alienante acepta sus reglas y las lleva a cabo, ha sido promovido recientemente, se siente orgulloso de su estatus; estatus que es entregado por la institución. Después de todo no podemos culpar tan severa y mordazmente a Wikus: él esta haciendo lo que cualquier humano hace en cualquier día común de cualquier lugar de nuestro planeta. El transcurso de la película va removiendo el velo de las apariencias y paulatinamente Wikus van de Merwe se ve afectado por un desenvolvimiento personal; una situación extraordinaria lo conduce a darse cuenta de la verdadera naturaleza de la MNU. De manera desprevenida Wikus van de Merwe se transforma en la persona más buscada de todo el planeta: es ahora el único humano en poder utilizar la tecnología bélica de los extraterrestres. Igualmente de desprevenido se descubre eso que estaba evidenciado en la superficie: el verdadero motivo de la extracción del distrito 9 era la obtención del armamento alienígena.
La película narra el camino de Wikus pasando de este empleado de la MNU a una persona que toma una sola decisión; una sola decisión que es suya y de nadie más. En sí misma considero que la película asienta una base importantísima: esta noción de pensar al humano en su más pura naturaleza animal, un estado absoluto donde depositar a este humano con su complicado “background” cultural dentro de un lugar donde la supervivencia se vuelve el único destino a obtener y para el final sustentar su propia creencia y casi, digamos de manera metafórica, morir por sus propios ideales… morir como humano, dejar de ser humano, convertirse en “langostino”, pero en esa sola decisión cabría preguntarse la verdadera naturaleza de su metamorfosis.
Siguiendo esta línea y a la vez contrariando lo postulado anteriormente acerca de este estado animal de supervivencia en el cual se ve sumergido Wikus a lo largo de su huida, el filme revela también la agresión, la violencia el cual puede ser capaz el humano. Una violencia que no se encuentra en el instinto de la supervivencia, sino más bien dentro de la denominación extra-corporal del “otro”. Aquello que veo y no designo como de mi casta, de mi pertenencia, de mi parentesco; a última instancia: fantasías construidas socialmente, una forma de sometimiento conceptual para poder definirme a mí mismo. El odio, aberración que estos “langostinos” despiertan en el humano, denuncia los cientos de años que el mundo ha sometido a las clases en más necesidad.
La película también grita esta naturaleza humana de violencia ultimada; una función ancestral de destrucción del “otro” por excelencia. Aquí no nos queda claro exactamente si ésta percepción violenta, esto que estamos tocando, tendría un inicio animal, un instinto de supervivencia que posteriormente se apuntaló hacia una violencia sostenida en fantasmas de separación y alienación. Es muy probable, de hecho. El humano es el único animal capaz de ser violento sin la necesidad de estar dentro de una situación de vida o muerte, incluso más, es el único animal que busca este aspecto errático para obtener, si me permite la observación, un goce. Sea cual sea la situación, puntuando la particularidad de cada discurso y su relación con aquello que odia.
Tanto Wikus como MNU se exponen a ese desnudo narrativo sucedido por los acontecimientos. Ambos objetos cambian ante los ojos del espectador por el bien de contar una historia. Y en el desnudo, desnudan la realidad violenta del ser humano. Segregando, aminorando y desvalorizando cualquier tipo de vida que considere inferior.
Porque cabría sustentar esta doble ejemplificación de la violencia en el humano. Señalando las palabras cuidadosamente y recordando su raíz etimológica (lat. Violentia) como aquello con ímpetu, forzado, impuesto, portador de la fuerza; la violencia en el humano deviene de aquello natural, un estado de alerta, de defensa ante el peligro inminente pero a la vez también deviene desde una naturaleza social, construidos (tomando el ejemplo de District 9) desde preceptos aprendibles (como la aberración por los “langostinos”).
En una parte de la película un hombre que es entrevistado señala algo como: “Esta bien si fuera de otro país… lo entenderíamos… ¡pero no lo son! Ni siquiera son de este planeta”
La ironía me era notablemente risible.
Es lo que nos entromete en estas líneas: una sensación insuficiente en palabras, más en tonalidades azarosas, pasiones revoltosas que fueron despertadas por la película “District 9”. La paradoja misma de situarla en el presente como un universo alterno de un “qué tal si una nave extraterrestre no llega a Nueva York, Los Ángeles, Paris, Hong Kong, si no a Johannesburgo”. La película involucra una realidad existente en nuestra sociedad, basándose en los acontecimientos del sesenta y seis en una zona residencial de Ciudad del Cabo donde fue declarada “zona blanca”, obligando el desalojo de más de sesenta mil individuos, de esta manera la película utiliza una analogía, una metáfora, le da cuerda a un delirio e intromete un síntoma para mentir y aún así decir la verdad.
Una colonia de alienígenas que los llegan a señalar despectivamente como “Prawns” o “Langostinos” en su versión castellana, arriban sobre esta ciudad mencionada anteriormente. La desnutrición, falta de organización social y dificultades de comunicación -sin mencionar acerca de la imposibilidad de regresar a su hogar- los orilla a permanecer dentro de este distrito que da alusión en el título de la pieza. Nuestro amado planeta tierra designa a una institución internacional bajo el nombre de MNU (Multi National United) para organizar todo acontecimiento perenne a estos “langostinos”. Y es así como básicamente la película comienza dentro de este sentido de “mock documentary”, donde las primeras imágenes dan alusión a una realidad que podríamos cohabitar por su forma de narrativa emparentada al documental, elemento imprescindible para la historia que está apunto de ser contada ya que sumerge al espectador en ese mundo de manera inmediata y casi irremediable. Para los primeros veinte minutos de la película ya sabes que algo pasó al personaje que al parecer va a ser el principal, lo cual he de confesar mi incomodidad de que un protagonista tan real (cobarde, abusador, inseguro) fuese a representar al personaje principal donde hubiera esperado un atacamiento más cerca a la mitología del héroe.
Wikus van de Merwe básicamente se somete a la enorme tarea de trasladar a estos alienígenas a otro distrito, más “bonito”, “cómodo”, “seguro” y sobre todo lejos. Como todo buen burócrata lo único que hace y sabe hacer es eso que le dicen qué hacer, cómo o cuando, la forma en cómo intenta aproximarse a estas criaturas, efectivamente, comienza de una manera cordial y diplomática, por el hecho de estar siendo grabado y formando parte de un papel directivo en la operación, sin embargo, paulatinamente deja entrever ese sentido de incomodidad, asco y agresión sobre las criaturas. Casi me puedo imaginar a una recepcionista del IMSS en su primer día de trabajo, pensando “¿Por qué la gente tiene a esta institución con esa reputación? ¡Yo haré la diferencia!”. Lamentablemente todos sabemos cómo va a acabar esa historia, efectivamente, la recepcionista pondrá cara de perro en máximo tres semanas y será como toda recepcionista de institución pública del país.
Básicamente la institución da identidad. Wikus forma parte de MNU, de una forma alienante acepta sus reglas y las lleva a cabo, ha sido promovido recientemente, se siente orgulloso de su estatus; estatus que es entregado por la institución. Después de todo no podemos culpar tan severa y mordazmente a Wikus: él esta haciendo lo que cualquier humano hace en cualquier día común de cualquier lugar de nuestro planeta. El transcurso de la película va removiendo el velo de las apariencias y paulatinamente Wikus van de Merwe se ve afectado por un desenvolvimiento personal; una situación extraordinaria lo conduce a darse cuenta de la verdadera naturaleza de la MNU. De manera desprevenida Wikus van de Merwe se transforma en la persona más buscada de todo el planeta: es ahora el único humano en poder utilizar la tecnología bélica de los extraterrestres. Igualmente de desprevenido se descubre eso que estaba evidenciado en la superficie: el verdadero motivo de la extracción del distrito 9 era la obtención del armamento alienígena.
La película narra el camino de Wikus pasando de este empleado de la MNU a una persona que toma una sola decisión; una sola decisión que es suya y de nadie más. En sí misma considero que la película asienta una base importantísima: esta noción de pensar al humano en su más pura naturaleza animal, un estado absoluto donde depositar a este humano con su complicado “background” cultural dentro de un lugar donde la supervivencia se vuelve el único destino a obtener y para el final sustentar su propia creencia y casi, digamos de manera metafórica, morir por sus propios ideales… morir como humano, dejar de ser humano, convertirse en “langostino”, pero en esa sola decisión cabría preguntarse la verdadera naturaleza de su metamorfosis.
Siguiendo esta línea y a la vez contrariando lo postulado anteriormente acerca de este estado animal de supervivencia en el cual se ve sumergido Wikus a lo largo de su huida, el filme revela también la agresión, la violencia el cual puede ser capaz el humano. Una violencia que no se encuentra en el instinto de la supervivencia, sino más bien dentro de la denominación extra-corporal del “otro”. Aquello que veo y no designo como de mi casta, de mi pertenencia, de mi parentesco; a última instancia: fantasías construidas socialmente, una forma de sometimiento conceptual para poder definirme a mí mismo. El odio, aberración que estos “langostinos” despiertan en el humano, denuncia los cientos de años que el mundo ha sometido a las clases en más necesidad.
La película también grita esta naturaleza humana de violencia ultimada; una función ancestral de destrucción del “otro” por excelencia. Aquí no nos queda claro exactamente si ésta percepción violenta, esto que estamos tocando, tendría un inicio animal, un instinto de supervivencia que posteriormente se apuntaló hacia una violencia sostenida en fantasmas de separación y alienación. Es muy probable, de hecho. El humano es el único animal capaz de ser violento sin la necesidad de estar dentro de una situación de vida o muerte, incluso más, es el único animal que busca este aspecto errático para obtener, si me permite la observación, un goce. Sea cual sea la situación, puntuando la particularidad de cada discurso y su relación con aquello que odia.
Tanto Wikus como MNU se exponen a ese desnudo narrativo sucedido por los acontecimientos. Ambos objetos cambian ante los ojos del espectador por el bien de contar una historia. Y en el desnudo, desnudan la realidad violenta del ser humano. Segregando, aminorando y desvalorizando cualquier tipo de vida que considere inferior.
Porque cabría sustentar esta doble ejemplificación de la violencia en el humano. Señalando las palabras cuidadosamente y recordando su raíz etimológica (lat. Violentia) como aquello con ímpetu, forzado, impuesto, portador de la fuerza; la violencia en el humano deviene de aquello natural, un estado de alerta, de defensa ante el peligro inminente pero a la vez también deviene desde una naturaleza social, construidos (tomando el ejemplo de District 9) desde preceptos aprendibles (como la aberración por los “langostinos”).
En una parte de la película un hombre que es entrevistado señala algo como: “Esta bien si fuera de otro país… lo entenderíamos… ¡pero no lo son! Ni siquiera son de este planeta”
La ironía me era notablemente risible.
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